TIERRA DE BARDOS, CIERRA.
Pero yo no desaparezco. A partir de ahora podrás encontrarme en mi WEB OFICIAL DE AUTOR pinchando en la imagen inferior. Allí os ofreceré más artículos, noticias, reseñas y todo el contenido habitual en este blog.
¡Muchas gracias a todos por estos años juntos! Os espero en mi nuevo rincón:

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Alcander, de Luisa Fernández

Ya está aquí... Legados

domingo, 29 de agosto de 2010

Aparición en la revista Prosofagia

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Saludos, caminantes.

Aprovechando la coyuntura, esta semana quisiera acercaros una publicación digital muy interesante, y de una calidad que es difícil encontrar entre la cantidad de revistas digitales que pululan por la Red.
Muchos de los asiduos de este blog ya la conoceréis (algunos participais en ella). Se trata de la revista Prosofagia, cuyo origen hay que buscarlo en el foro literario Prosofagos, uno de los mejores rincones de escritores de internet.

Prosofagia es altamente recomendable para cualquiera que desee embarcarse en la escritura con fines profesionales. La revista trae siempre artículos muy interesantes y didácticos de la mano de autores, la mayoría de los cuales ya han publicado o están a punto de hacerlo. Su punto de vista es por tanto ideal: conocen el mundillo, pero además aún no han perdido sus orígenes. Saben de los duros esfuerzos, de la incomprensión del escritor que lucha por ser publicado, porque ellos no hace mucho que lo han vivido. Mediante esa humildad, nos ayudan con artículos en los que nos explican cómo acercarse a una agencia literaria o editorial, los procesos de escritura, o el mundo editorial, entre otros, además de entrevistas de gran calado. Sus consejos son una ayuda inestimable y muy valiosa, que aconsejo fervientemente.

Acaba de salir el número perteneciente al mes de agosto, que podéis descargar o leer online aquí (en diferentes calidades y formatos). Además, es un orgullo para mí que mi nombre aparezca en uno de los artículos, concretamente en el que el bueno de Sergio G. Ros dedicó a la Crítica literaria en la Red. En él doy un par de opiniones acerca de la cuestión, compartiendo cartel con magníficos profesionales como Blanca Miosi, Juan de Dios Garduño, Marta Abelló, Blas Malo o Anika Lillo, entre muchos otros, guiados todos muy acertadamente por Sergio.

Desde aquí le doy las gracias a Sergio por hacerme partícipe de esta maravillosa revista.

Esto es todo por esta semana. Un abrazo a todos, caminantes.

domingo, 22 de agosto de 2010

Entrevista a Teo Palacios, autor de "Hijos de Heracles"

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Saludos, caminantes.

Tras unas breves vacaciones (que han afectado irremediablemente al blog), y con la vuelta al trabajo a punto de consumarse, he decidido inaugurar esta nueva temporada con una de las entrevistas que realicé para la revista Ilike magazine hace unos meses. Se trata de una amena charla con Teo Palacios, autor de la novela "Hijos de Heracles. El nacimiento de Esparta", sin duda una de las agradables sorpresas de este año en materia literaria. No es muy común que un nuevo autor tenga éxito en su primera novela, lo cuál indica la calidad del amigo Palacios, contrastada por sus colaboraciones con publicaciones del prestigio de "Cambio 16" y "Cuadernos para el Diálogo". Por cierto, esta es la entrevista íntegra, con preguntas que no pudieron ver la luz en la revista por motivos de espacio.



-Hola, Teo, bienvenido a ilike magazine. La primera pregunta es más bien una petición. Resume brevemente para nuestros lectores el argumento de “Hijos de Heracles. El nacimiento de Esparta”.
-Hijos de Heracles tiene dos líneas argumentales principales. Por un lado, descubriremos los acontecimientos que envuelven a la ciudad de Esparta durante el periodo de las Guerras Mesenias, una etapa muy convulsa de su historia, en la que se produjeron importantes cambios sociales y legislativos y nació la idiosincrasia espartana tal como pasaría a la posteridad. Por otra parte, conoceremos a la familia de Teopompo, uno de los diarcas espartanos, que nos mostrará lo terrible que podía llegar a ser la vida durante aquella época. Uniendo ambas historias descubriremos el modo en que Esparta se convirtió en una ciudad militar y austera y las dificultades que originó ese cambio.
-Has elegido una época arcaica para tu primera novela. La historia comienza nada más y nada menos en el 735 a. C. ¿Cómo surgió la idea?
-La intención original era narrar la historia de dos hermanos enfrentados por diversos motivos. Me pareció muy interesante envolverlos en un ambiente duro y austero y, por ello, comencé a investigar sobre la forma de vida espartana. Fue así como encontré un periodo histórico maravilloso, que me entusiasmó de inmediato, y que más tarde descubrí que era inédito. Se trata de una época de grandes contrastes: es el momento en el que, en Esparta, la poesía lírica griega alcanza un nivel sin precedentes y en el que nace la música moderna. Pero, en esa época, los espartanos también adoptan leyes terribles, como el sacrificio de los bebés que mostraran alguna deformidad o la puesta en marcha de la terrible agogè, el sistema educativo espartano. Ese telón de fondo me cautivó, ya que era, en sí mismo, algo que merecía la pena contar.
-Te vuelcas especialmente en los personajes, convirtiéndolos en auténticos protagonistas y no sólo meros vehículos del argumento. ¿Crees que puede existir una buena novela sin unos buenos personajes?
-En mi opinión, en una novela los personajes son lo más importante. Son ellos los que van a marcar cómo se desarrolla la historia que contamos. Toman al lector de la mano y le dicen: “acompáñame, quiero contarte mi vida”. Y, si su vida no es interesante, cerraremos el libro en las primeras páginas. Por supuesto, hay otros aspectos que hay que cuidar a la hora de escribir novela, decenas de detalles: qué narrador es el más adecuado, la ambientación, las líneas argumentales, etc… Pero la creación de personajes es probablemente lo más importante de todo el proceso. Personalmente, presto mucha atención a los seres que vivirán mis historias. Los estudio durante días hasta que los conozco profundamente. Sólo así puedo escuchar más tarde lo que tienen que decir.
-La novela está llena de escenas terriblemente duras, en especial las asociadas al adiestramiento de los dos hermanos protagonistas. ¿Crees que la agogé, la educación militar espartana, fue tan dura, o ha sido mitificada?
-La agogè fue durísima, posiblemente incluso más de lo que se muestra en la novela. Cuando me documentaba para esta obra, estudié varios documentales sobre Esparta. En uno de ellos, un especialista decía que un norteamericano medio posiblemente moriría congelado si tenía que pasar una sola noche de invierno en las cumbres del Taigeto. Sin embargo, los niños espartanos debían sobrevivir a ese clima con la única protección de una fina capa de lana. En “La República de los Lacedemonios”, Jenofonte habla con mucho detalle de aspectos relacionados con la agogè. Se creó, por ejemplo, la figura del mastigóforo, cuya labor consistía, exclusivamente, en castigar a los niños cuando fuera preciso. Vivian casi desnudos, pasaban hambre, se bañaban en las gélidas aguas del Eurotas, su única cama eran unos juncos arrancados con sus propias manos y eran flagelados por la menor falta. Sí, sin duda la agogè era despiadada, cruel y severa.
-En una novela histórica, la documentación es esencial. ¿Qué problemas o ventajas te ha supuesto tratar una época tan poco conocida? ¿Ha sido una tarea ardua documentarte?
-Un especialista en Esparta al que consulté diversos aspectos de la novela, me indicó en su primera respuesta que “se alegraba de que alguien escribiera al fin una novela sobre la Esparta arcaica, aunque fuera una temeridad”. Conseguir información sobre la época resultó un proceso casi imposible, es muy poco lo que se sabe sobre ese periodo en la polis espartana. Esta falta de información ha provocado que diversos especialistas propongan diferentes tesis sobre qué pasó, cuándo pasó y en qué circunstancias ocurrió. Así que lo primero que me encontré fue un problema para dilucidar temas tan básicos e importantes como las fechas en las que sucederían los diversos acontecimientos narrados o incluso las mismas líneas genealógicas. Por fortuna, como digo, pude contar con la ayuda de algunos especialistas en historia y de otras personas que me ayudaron a conseguir información, artículos de revistas descatalogadas, etc. De no haber sido por ellos, la novela, sin duda, no hubiera llegado a existir.
Esa falta de información puede tener ventajas… siempre y cuando uno quiera divagar e inventar cosas. No fue el caso de Hijos de Heracles. Prácticamente toda la narración y los sucesos que aparecen en la novela tienen apoyo histórico, aunque, por supuesto, me he tomado algunas licencias.
-Me ha llamado la atención la, relativa, brevedad de la novela, que apenas sobrepasa las trescientas páginas. Estamos acostumbrados a que las novelas históricas sean más extensas. ¿Ha sido algo natural o has tenido que recortar la obra?
-Hace unos meses, María José Barrios, una autora sevillana, publicó un libro de microrelatos. El que abre el libro se titula QUIJOTE y dice así: “El gigante se escondió, muy quieto, detrás del molino”. Una sola frase y toda una historia detrás de ella. Es cierto que estamos acostumbrados a que las novelas históricas suelen tener 600, 800 o más páginas. Sin embargo, la longitud de una historia no es proporcional a su calidad. Yo no planifico la longitud de mis novelas, no deben tener una longitud mínima. Trabajar de ese modo significaría que, con toda seguridad, parte de ella no aportaría nada a la historia. Prefiero que mis novelas mantengan el ritmo y el interés a lo largo de todas sus páginas. 

-En los últimos años, cuando el público en general piensa en los espartanos indudablemente les viene a la memoria la novela gráfica y película 300. ¿Crees que esta fama puede beneficiar a tu novela o más bien puede ser un lastre?
-Depende de lo que espere el lector. En principio, tal vez pueda ser beneficioso, si bien el auge de 300 hace ya tiempo que pasó. Creo que la novela tiene un aire épico que a algunos les recordará a esa obra de forma ineludible. Los personajes muestran el mismo espíritu: parco, aguerrido, abnegado. Pero ahí acaban las similitudes entre ambas. La época histórica en la que se desarrolla una y otra son completamente diferentes. Ahora bien, aquellos a los que 300 les fascinó creo que quedarán más que satisfechos de la lectura de esta novela por un motivo concreto: Hijos de Heracles explica qué pasó para que, siglos después, Leónidas y sus hombres pudieran realizar una de las mayores hazañas de la historia. ¿Cómo fue posible que llevaran a cabo tal proeza? Hijos de Heracles contesta a esa pregunta.
-¿Por qué crees que una civilización con costumbres tan radicales ha cautivado a tanta gente? Recordemos por ejemplo que, entre otros hábitos, los espartanos arrojaban a los recién nacidos con deficiencias a un barranco.
-La cultura espartana es fascinante precisamente porque es capaz de lo mejor y de lo peor. Los espartanos realizaban actos tan terribles como el que comentas, declaraban la guerra a sus propios esclavos, que eran asesinados a cientos todos los años, o separaban a los niños de su hogar con sólo siete años para, entre otras cosas, darles de comer, durante el resto de su vida, poco más que un trozo de grasa de cerdo bañada en sangre. Y, sin embargo, pocos pueblos han mostrado la valentía que demostraban los espartanos. Su forma de pensar era única. Se conoce el caso de un soldado que sobrevivió a una batalla cuando la mayoría de sus compañeros resultaron muertos. Lejos de alegrarse, tanto él como su familia se mostraron apenados de que hubiera sobrevivido, pues la mayor gloria para un espartano consistía en dar la vida por su ciudad. Los espartanos evidenciaban una capacidad de abnegación y sacrificio difíciles de igualar. Pocas cosas provocan una impresión tan profunda en el ser humano como la valentía, y si algo no se le puede negar al espartano, es que fue uno de los pueblos más valientes que ha existido.
-Antes de “Hijos de Heracles”, te sentías más inclinado a la literatura fantástica. De hecho, las primeras versiones de la novela estaban más dirigidas a ese género, según tengo entendido. ¿Lo has apartado de tus planes de futuro?
-Creo que el género no es algo que deba preocupar. Lo importante de una novela son sus personajes y la historia que cuente. A continuación, se trata de buscar el marco adecuado para que esos dos elementos adquieran su máxima expresión. Si el marco idóneo es la Rumanía del s. XII, habrá que desarrollarla allí. Si se trata de una historia que necesite como marco a la Tierra Media de Tolkien, haremos bien en situarla en ese entorno. Si en el futuro me surge una historia interesante que sea de género fantástico, la llevaré adelante con tanto cariño e interés como cualquiera de mis otras novelas.
-Edhasa, tu editorial, ha cuidado la calidad de la edición: portada con ilustración del británico Tim Byrne, tapa dura (formato comúnmente reservado a los super-ventas)… ¿Cómo ha sido el trato con Edhasa? ¿Te han permitido involucrarte en todas las etapas de creación del libro?
-El trato con Edhasa ha sido estupendo desde el principio. Muy amable y mostrando un claro interés por dotar a la novela de la máxima calidad. También ha sido muy exigente, pues la calidad de sus publicaciones está fuera de toda duda. Por todo ello ha sido un privilegio trabajar con una editorial que tiene publicados a nada menos que quince autores premiados con el Nobel, además de innegables maestros de la novela histórica a nivel internacional. He podido intervenir prácticamente en todos los aspectos de la creación del libro. Pude dar mi opinión sobre cómo entendía que debería ser la portada, por ejemplo. Claro que, cuando contemplé la portada que Tim Byrne había desarrollado para vestir el libro, superó todas mis expectativas. La relación ha sido muy fluida, casi familiar. La verdad es que estoy deseando poder volver a trabajar con ellos.
-Hay muchas ilusiones puestas en esta novela, imagino, por tu parte y por la editorial. ¿Qué tal es ver tu nombre en las librerías por primera vez?
-Es la constatación de que voy por el buen camino. Indudablemente, uno se siente orgulloso de haberlo conseguido, pues son muchos los que se quedan en el camino. Pero hay que ser consciente de que no es más que el primer escalón de una larga escalinata que espero ir subiendo. Por ahora, todo me está saliendo bien: sólo un mes después de ponerse a la venta empiezan a aparecer las primeras opiniones entusiastas. La novela está gustando. No puedo pedir más.
-Además de escribir, colaboras en diversas publicaciones de prestigio e impartes cursos de creación literaria. ¿Crees que es provechoso para un escritor adentrarse en otros campos de acción?
-Desde luego. En los cursos de creación literaria, por ejemplo, interiorizas aspectos de este mundo que de otro modo pasarías por alto. Es muy interesante también comprobar el propio desarrollo, así como el de algunos escritores en ciernes con los que, tal vez, comparta estantería en el futuro.
-Podríamos catalogar tu carrera literaria como meteórica. Hace apenas tres años aún no te habías adentrado seriamente en este mundo. ¿Me equivoco?
-Sí, meteórica es una buena forma de decirlo. Al año de empezar a escribir tuve la suerte de que la prestigiosa agencia literaria Sandra Bruna accediera a representarme, y a los pocos meses, Edhasa mostraba interés por Hijos de Heracles. El esfuerzo es una parte importantísima en este mundo, pero no podemos pasar por alto que es muy necesario tener un poco de fortuna.
-¿Cómo es ser escritor a tiempo parcial? ¿Cuesta compaginarlo con tu trabajo habitual?
-Pues es agotador. Uno quisiera poder dedicarse a tiempo completo a escribir, pero la vida es muy cara, hay que pagarla día a día y el mundo literario se basa en una maquinaria lenta en la que muy pocos consiguen vivir de sus textos. Muchos creen que la vida del escritor es idílica, levantándose tarde, manejando importantes cantidades de dinero. ¡Nada más lejos de la realidad en la mayoría de los casos! Escribir es un trabajo arduo, que requiere un nivel de concentración tremendo en muchas ocasiones, y que requiere una cantidad ingente de horas dedicadas a la tarea de creación y documentación. Los grandes apellidos de la literatura, Follet, Grisham, King, etc… dedican todo su día a la labor de escritura. Los que no tenemos esa posibilidad, dedicamos todas las horas de las que disponemos, robándoselas al sueño, a la familia, a los amigos. En mi caso, tuve el apoyo incondicional de mi pareja que, de hecho, fue quien me animó a tomar en serio mi pasión por escribir. No es nada fácil y, sin embargo, se trata de una droga. Cuando empiezas, ya no puedes dejarla.
-A título personal, ¿qué buscas cuando inicias una historia?
-En realidad, no busco nada. Es la historia la que me encuentra a mí. En un momento dado me sorprendo diciendo: “esto puede ser una gran historia que contar”. A continuación, lo que intento es darle forma para conseguir que me emocione. Si no me emociono con la historia, será imposible que conmueva a nadie. Ese es el objetivo final de mis novelas: emocionar al lector de algún modo.
-¿Y qué esperas que encuentre el lector?
-Un escape, una historia que le hubiera gustado vivir, que le interese, que le sorprenda, con la que, quizá, pueda aprender algo. Como mínimo, que disfrute la lectura, que se entretenga. Todo texto tiene múltiples lecturas, y a cada lector le llega de modo distinto.
-Teo, me ha encantado compartir esta charla contigo. Gracias por compartir tu tiempo con los lectores de ilike magazine.
-Muchas gracias a vosotros por el interés en la novela y por el apoyo que prestáis a autores que, como yo, comenzamos este camino. Os deseo mucho éxito, y a aquellos de vuestros lectores que se animen a leer Hijos de Heracles, quisiera agradecerles la confianza y desearles un feliz rato de lectura.

lunes, 2 de agosto de 2010

Noticias veraniegas

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Saludos, caminantes.
Espero que el calor asfixiante no os esté ablandando las neuronas, como a mí. Esta semana os traigo unas noticias fresquitas para combatir el bochorno, relacionadas con la web amiga H-Horror.
Como la mayoría sabréis, desde sus inicios he participado en esta web dedicada a la literatura hispana de terror. Hasta ahora había sido de modo esporádico, con varios relatos, un artículo y una entrevista, además de las participaciones en sus antologías de relatos. Pero el crecimiento de H-Horror es imparable, y por ello su creador y administrador, Darío Vilas, ha deseado ampliar sus contenidos con un grupo de colaboradores fijo. Y ahí estaré yo. Me encargaré especialmente de la sección dedicada a otros géneros literarios, donde reseñaré novelas ajenas al terror (sin descartar de vez en cuando alguna intrusión en el horror). De hecho, ya me he estrenado con el comentario de la última novela de Stephen King, "La cúpula". Por si fuera poco, se me ha habilitado un sub-dominio personal (una especie de página web propia, supeditada a la principal), donde me presento y hablo un poco de mis (escasos) logros literarios: http://javierpellicer.h-horror.com/

Por supuesto, mi tarea en la revista Ilike Magazine continuará sin cambios (cuyo último número, el 9, acaba de aparecer, descargadlo aquí, es uno de los mejores, así que no os lo perdais).

Como veis, H-Horror es una página web que ya ha pasado de la simple promesa a una realidad. Para muestra, varios botones más.
El pasado 30 de julio concluyó la convocatoria para la cuarta antología en papel, dedicada al sub-género de los zombies, especialmente a esta nueva tendencia que ha surgido de "zombificar" clásicos de la literatura. "Clásicos y Zombies" desvelará quienes son sus autores en septiembre (quién sabe, quizás con un poco de suerte esté yo entre los elegidos).
Siguiendo esta línea, H-Horror ha abierto una nueva convocatoria, en este caso el de que será su concurso de referencia anual: el Certamen de Relatos de Todos los Santos. Las bases podéis consultarlas aquí. La evolución de la página tiene su mayor exponente en este concurso, que ahora pasa a estar patrocinado por una serie de editoriales de prestigio, gracias a las cuales se aportarán unos jugosos lotes de libros como premios. Estamos hablando de editoriales como Dolmen o Grupo Ajec, entre otras. El concurso contará con dos modalidades: terror y otros sub-géneros fantásticos.

Muchas novedades, ¿verdad? Desde aquí agradecer a Darío Vilas que haya pensado en mí para formar parte permanentemente de este gran proyecto.

Un saludo para todos. Feliz verano.

domingo, 18 de julio de 2010

Los amantes malditos - relato (parte 3 de 3)

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Saludos, caminantes.
Sigue el calor asfixiante por estos lares y crecen mis ganas de tomar al fin las merecidas (creo) vacaciones de verano.
Y como lo prometido es deuda, os dejo la conclusión del relato que inicié hace tres semanas, en el que destrozo literalmente la obra maestra de Shakespeare, "Romeo y Julieta". Aunque no es mi relato favorito de cuantos he escrito, espero que el final sea de vuestro agrado y la lectura no haya sido una carga.

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LOS AMANTES MALDITOS (parte 3 de 3)
Javier Pellicer

En otra Verona, quizás no tan bella...

Bandeja en mano, el aya paseaba arrastrando los pies por los pasillos de la Mansión Capuleto. Su ánimo era apropiado a todas las penurias que habían acontecido recientemente: la niña Julieta, a la que había amamantado y criado, apareció muerta una mañana sin estarlo realmente. Había estado dormida gracias a un brebaje que simulaba su defunción, acorde a un plan por facilitar su huida del matrimonio concertado con el impertinente Paris. Pero los ardides enrevesados no suelen tener un final agradable. El enamorado de la muchacha, Romeo Montesco, también fue víctima del engaño por culpa de un aviso no recibido; se quitó la vida con un fuerte veneno para seguir a su amada allá donde creía que moraba su espíritu. Tragedia de tragedias, pues cuando Julieta despertó y encontró al esposo de su corazón sin vida, se arrebató la vida de una certera puñalada.
Ahora ambos yacían juntos en la misma tumba, y el único consuelo que quedaba era la desgracia había servido para aportar paz donde antes hubo guerra. El dolor común unió a los progenitores rivales. En el salón de los Capuleto, las dos familias hacían honras fúnebres por sus hijos fallecidos.
Las cavilaciones del aya se interrumpieron cuando, de improviso, todo quedó a oscuras. «Extraño apagón», se dijo al mirar por la ventana de la cocina; «El resto de la calle sigue con luz». El tiempo de la preocupación llegó acompañado de un grupo de alaridos rasgando la nocturna quietud. Los gritos, cargados de terror, pronto fueron sucedidos por las estruendosas detonaciones de las pistolas. La sirvienta se echó al suelo, haciéndose un ovillo detrás de una mesa. Estallidos y más aullidos, y luego silencio; un silencio tan tenso y angustioso que la regordeta mujer no pudo evitar orinarse encima.
No se atrevió a moverse hasta pasados muchos minutos. En un momento dado, su sentido de la responsabilidad logró imponerse al pavor y se aupó entre temblores. Tomó un fanal reservado para tales situaciones y, con pasos renqueantes, se dirigió al salón. Antes de abrir la puerta doble escuchó lo que parecían gruñidos guturales, el sonido de dientes masticando groseramente. La mansión estaba en las afueras de la ciudad, cerca de las montañas. ¿Tal vez un grupo de lobos había cometido el increíble atrevimiento de bajar hasta suelo humano? Abrió las puertas apenas lo suficiente para asomar los ojos; si las bestias atacaban, tendría tiempo de refugiarse.
Pero no fue una manada de lobos lo que vio, ni ninguna otra bestia creada por la mano de Dios. Sintió un vahído y un terror tan informe que perdió el control de sus acciones. ¿Qué tipo de espantosos monstruos son éstos?, se preguntó, pero no con pensamientos coherentes, sino mediante los mismos impulsos que la hacían temblar. Su silueta, aunque humana, se encorvaba como si se tratara de demonios con formas enredadas; su piel macilenta supuraba pus y otras excrecencias, y algunos gusanos se afanaban en carcomer su carne podrida. Y sin embargo había algo familiar en ambos.
Los dos seres estaban devorando varios cuerpos desperdigados por el suelo. Gracias a un halo de luz que entraba por los ventanales, la mujer reconoció la cabeza de la señora Capuleto en las manos de uno de los engendros, que le sorbía los ojos entre gemidos de placer. Un poco más allá, el otro monstruo daba buena cuenta de las tripas del Montesco, Teodoro. Del resto, sobrinos, hermanos y otros familiares, sólo quedaban huesos.
Una arcada le golpeó la boca desde el estómago. No pudo evitar que el agrio bilis se derramara por su boca, lo cual para su desgracia alertó a los dos demonios. Y entonces, al sentir la mirada repleta de apetito de uno de los engendros, lo reconoció.
—Niña Julieta… —gimió, tomándose el cabello ensortijado— ¿Qué locura es esta?
—Mi querida aya —siseó el horrendo espanto que había sido su ahijada—. En mal momento has llegado. Habrías hecho bien de marcharte, pero ya es tarde. Has tentado al Hambre.
—Mira, esposa mía, cuanta carne tiene —dijo el Romeo maldito.
Los amantes caminaron lentamente hacia la mujer, con los brazos extendidos, anhelantes por atrapar tan generoso ágape. El aya, atrapada por un pavor sin nombre, no tuvo fuerzas más que para retroceder unos pocos pasos. De pronto, sintió unos brazos que la aferraban. Gritó.
—¡Tranquila, mi señora! ¡Soy Fray Lorenzo! —la mujer levantó el rostro y allí estaban, las arrugas del anciano monje— ¡Huya rápido, buena mujer! ¡Afuera está el comisario de la Escala con la policía!
Repentinamente despierta, la mujer salió corriendo sin pensar siquiera en la seguridad del religioso.

Fray Lorenzo se interpuso en el camino de la pareja de muertos vivientes y, con la palabra, los enfrentó.
—¡Detened vuestros pasos! ¡Amigo Romeo, querida Julieta! ¡Si algo queda de vosotros, obedeced!
—Pobre padre Lorenzo —se burló Romeo, y de su boca sonriente manaba la sangre de sus víctimas—. ¡No sabe de lo que habla!
—¡Sí lo sé! Antes estaba demasiado alterado para darme cuenta, pero he tenido tiempo para reflexionar. Los muertos vivientes no hablan, sólo gruñen lastimosamente. No sienten de cuerpo, mente o alma. Y ved cómo os comportáis vosotros. ¡Incluso en vuestro estado seguís amándoos! —Julieta se detuvo, pero no así Romeo, que seguía avanzando— ¡Eso es lo que os ha devuelto de la muerte absoluta!
Romeo lanzó un alarido, extendió el brazo y aferró al monje por el cuello.
—¡Sólo eres carne! —bramó, y se dispuso a morder.
—¡No, esposo mío! —Julieta lo contuvo tomándolo por detrás— ¡Él tiene razón! ¡Oh, qué terrible maldición, que nos ciega la razón a la vez que nos incita a lo más horrendo! ¡Nuestras manos, manos de muertos, manchadas con sangre de vivos!
Las palabras de Julieta hicieron mella en Romeo. Se dejó caer de rodillas y comenzó a gimotear. Con los labios carcomidos y la garganta lacerada, sus lamentos sonaron como el sonido de una flauta deteriorada.
—Aún hay alma en vuestros corazones arrugados, hijos míos. ¡Algo se podrá hacer por vosotros! —dijo Fray Lorenzo.
—Nada, padre —respondió Romeo, mientras se dejaba abrazar por Julieta—. El Hambre es irresistible. ¡Incluso ahora la siento en mi cabeza, tentándome para que lo devore! No se puede luchar contra algo así.
—Entonces, sólo hay un camino —dijo la muchacha—. Gracias, amigo Fray Lorenzo, por hacernos ver lo que es correcto.
La pareja se encaminó hacia el exterior de la mansión. Marchaban tomados de la mano, siempre tomados de la mano. Allí esperaba un nutrido grupo de policías, armados con escopetas y pistolas. Cuando vieron a los muertos vivientes, amartillaron las armas y señalaron funestamente.
—¡Ni un paso más, engendros! —gritó el comisario de la Escala
Romeo y Julieta se detuvieron. Buscaron sus ojos, ya carcomidos por la degradación de la carne. Se sonrieron, desgarrando la escasa piel que quedaba alrededor de sus bocas.
—No importa dónde vayamos —dijo Romeo—. Nos encontraremos. Siempre nos encontraremos.
—Vida o muerte, Cielo o Infierno, nada me separará de ti, esposo mío.
Dieron su último paso, desatando una poderosa lluvia de fuego. Las balas destrozaron su pútrida carne, haciéndolos saltar en pedazos. Cayeron al suelo, aún conscientes, aún tomados de la mano. Y, entonces, alguien disparó sobre sus cráneos y todo se oscureció.

El comisario de la Escala se acercó a los cuerpos destrozados. A pesar del intenso horror, no pudo evitar un suspiro de pena al contemplar las manos de los dos amantes, que incluso entonces demostraban su extremo cariño.
—Una paz más sombría que ninguna nos trae el nuevo amanecer. ¿Cómo mostrará su rostro el sol ante este espanto? ¡No puedo permitirlo! —y se volvió a sus hombres, y les habló alto y claro, así como a Fray Lorenzo y a la aya—. ¡Nunca se ha de hablar de esto! No puede existir perdón, y castigo ya ha habido. Si de vuestra boca debe salir una historia, vestid a Julieta y Romeo de amor desconsolado, jamás de demonios.
Una vez dijo esto, de la Escala se santiguó. Y en todos los años de su vida, que fue larga, jamás se mencionó los terribles sucesos que acabaron con los Montesco y los Capuleto. A pesar de las pesadillas que sufrió en sus noches, guardó para sí la verdadera historia de Julieta y Romeo, los amantes malditos.



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domingo, 11 de julio de 2010

Los amantes malditos - relato (parte 2)

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Saludos, caminantes. Sé que hoy es un día en el que no apetece mucho leer: hace calor, es domingo, pero sobre todo no es un domingo cualquiera, al menos para los españoles (ya sabéis de lo que hablo, imagino). Quién sabe, quizás mañana nos levantemos como campeones del mundo.
De todos modos, os dejo la segunda parte del relato que inicié la semana pasada (recordemos, la zombificación de "Romeo y Julieta"). La pareja de amantes malditos juró venganza contra los causantes de su desgracia, sus propias familias, los Capuleto y los Montesco. Veamos cómo comienzan su particular fiesta de sangre y vísceras.
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LOS AMANTES MALDITOS (Parte 2 de 3)
Javier Pellicer

En otra Verona, quizás no tan bella...

No imaginaban que el horror pudiera hallarse en un lugar de calma y recogimiento, en un lugar donde tantos moraban en silencio, sumidos en una paz eterna. Termaldo y Ginebra, jóvenes e ingenuos, se adentraron en el cementerio por una rendija oculta en el muro. No era la primera vez que lo hacían. El arrebato de su juventud les había llevado a practicar aquella travesura durante muchas noches. Eran poco más que niños, sus arrumacos, a la celeste luz de la luna, apenas eran besos cándidos en sus labios, acaso alguna caricia atrevida. El descubrimiento de los nuevos placeres de la carne aún estaba teñido de inocencia. No tendrían oportunidad de madurar.
Dos pares de manos los aferraron al poco de iniciar su juego amoroso. El pestilente vaho de las aberraciones les arrebató el habla, y pronto mucho más. Una voz arenosa, como fuego crepitando, les susurró las últimas palabras que escucharían.
—¡Dos apetitosos e ingenuos amantes! —dijo uno de los demonios, el que parecía una muchacha.
—No hace mucho, también nosotros lo fuimos. ¿Verdad, amor? —siseó el otro.
—Sí, pero ahora sólo queda el Hambre.
Ginebra sintió unos dientes desgarrando su pecho izquierdo. Por fortuna para ella, el paroxismo de dolor le robó la consciencia casi al instante, evitando que tuviera que asistir a su propio desmembramiento. Termaldo murió observando cómo uno de los engendros devoraba sus intestinos.
Para Romeo y Julieta, fue el descubrimiento de nuevos placeres. Mordisco tras mordisco, mil sensaciones los transportaron a la locura irracional: la sangre de sabor metálico chorreando por sus mandíbulas, empapando sus lenguas y bajando por sus gargantas; la textura de la carne humana, especialmente esponjosa por ser tan joven; la ingesta, que sentían claramente posarse en sus estómagos ansiosos; la digestión, con el estallido de sus pútridos jugos gástricos, auténticos orgasmos alimenticios… Se relamieron especialmente con los cerebros de sus víctimas, sin duda el manjar más sabroso que jamás, en la vida o en la muerte, habían probado. Tanta era su voracidad que no dejaron nada que pudiera infectarse con su maldición.
Se hallaban aún royendo los huesos de los infortunados, sintiendo que apenas habían apartado al Hambre, cuando unos pasos los alertaron. Más comida, pensaron al mismo tiempo. Pero al reconocer a la nueva víctima, un remedo de la humanidad que habían atesorado en vida volvió a sus mentes deterioradas.
—¡Padre Nuestro que estás en los Cielos! —gimió Fray Lorenzo, con el gesto descompuesto ante tan terrible visión— ¿Qué monstruosidad es esta?
—¿No nos reconoce, padre? —dijo Julieta.
—¡En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo! ¡Yo os rechazo! —bramó el monje, con voz temblorosa.
—No puede negarnos, Fray Lorenzo —siseó Romeo; por mucha carne que comiera, no podía dejar de sentir el pinchazo del Hambre—. No somos como los nosferatu de las leyendas. Pero en virtud del buen trato que nos dispensó en vida, no permitiremos que se convierta como nosotros. Nos bastará con comérnoslo.
Fray Lorenzo realizó el Signo de la Cruz, pero los engendros no se inmutaron. No tenía poder contra ellos, así que por una vez dejó que el miedo venciera a la fe en Dios. Huyó, corriendo tan veloz como sus piernas de anciano le permitieron. Romeo y Julieta trataron de alcanzarlo, pero sus movimientos eran lentos, como si sus huesos y músculos estuvieran oxidados.
—Algo tendremos que hacer, amor mío —dijo ella—. Somos lentos como tortugas.
Romeo sonrió, y al hacerlo su boca se desgarró, dejando a la vista parte del maxilar superior.
—Tendremos que valernos de la sorpresa.



Paris reflexionó mientras contemplaba el hielo de su vaso de whisky. Hielo perecedero, reflejo fiel de la vida humana.
En aquellos momentos tendría que haber estado disfrutando las mieles de su joven esposa, Julieta la bella, la muchacha más deseada bajo el cielo. En lugar de ello había tenido que asistir a su funeral. ¡Lástima de flor, marchita antes de hora!, pensó. Había pasado el día en compañía de los Capuleto, mostrando sus condolencias y una tristeza que ni por asomo era tan profunda como la de los padres sin hija. Él pensaba más en la gran oportunidad perdida. Aunque por sí mismo era alguien importante, haber formado parte de los Capuleto lo habría convertido en el hombre más influyente de Verona. Tomó uno de los pedazos de hielo con los dedos, lo posó en su boca y luego lo trituró con los dientes.
De pronto, el coche frenó en seco. Se escuchó un terrible golpe. Paris vio cómo una sombra volaba por encima del parabrisas.
—¡Hemos atropellado a alguien, señor Paris! —dijo el conductor— ¡Bajaré para auxiliarlo!
¿Es que todo va a salir mal hoy?, maldijo el joven para sí. Espero que sea un mendigo, no me apetece hacer papeleos. Hastiado y enfurruñado, apuró el último trago de su copa. Antes de que la última gota de alcohol llegara a su estómago, el chófer volvió a ocupar su asiento.
—¿Y bien? —le interrogó Paris—. ¿Es grave?
Una intensa oleada de putridez golpeó al joven, produciéndole una arcada.
—Oh, ya lo creo que sí —gimió una voz agónica.
Paris aulló de miedo cuando quien había creído que era su chofer le mostró su verdadero rostro. La decrépita expresión estaba teñida con una sonrisa descarnada, que dejaba a la vista carne pasada y hueso carcomido. Era un rostro de pesadilla: piel pálida y corrompida, repleta de pústulas secas y  tiras de carne que colgaban aquí y allá; cuencas hundidas, oscuras como abismos sin fin… Unos ojos lechosos, sin pupila, lo observaron, se diría que ansiosos.
Trató de salir del vehículo, pero al abrir la puerta otra forma se abalanzó sobre él.
—Hola, mi amor —le dijo entre risas espasmódicas la corrupta forma de un monstruo remotamente parecido a Julieta Capuleto.
Su grito se alzó muy alto, pero nadie le escuchó. Aunque trató de zafarse, no lo logró. Aquel monstruo, auspiciado por un ansia más allá de lo imaginable, era fuerte. Mientras gruñía como una bestia salvaje, le arrancó las orejas y las devoró.
—Tú, que con tu pretensión interesada y sin apego provocaste en parte mi desgracia, sufrirás como es debido —le susurró.
Cumplió su palabra. Primero le arrancó las extremidades, a las que aplicó torniquetes para que el joven no se desangrara. Calmadamente, compartió los trofeos con su amante maldito, ante los horrorizados ojos de Paris. Varias veces, al borde del desmayo, lo espabilaron pellizcándole los muñones, provocándole el suficiente dolor para mantenerlo despierto. Y así lo devoraron, extirpándole pedazos de carne para no transmitirle la infección.
Al fin, con más de la mitad de su cuerpo carcomido, Paris se desvaneció para siempre.

¿CONSUMARÁN SU VENGANZA? OS LO CUENTO EN LA PRÓXIMA ENTREGA.

sábado, 3 de julio de 2010

Los amantes malditos - relato (parte 1)

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Saludos a todos, caminantes.
Hace muchas semanas que no posteo un relato, así que hoy me lanzo con uno que podríamos describir como... raro, al menos para lo que estoy acostumbrado a escribir.
Los zombis hace mucho que están de moda: en el cine, en la literatura, en los comics e, incluso, en la música. Sin embargo, en los últimos años está haciendo furor una especie de subgénero literario que consiste en "zombificar" (que me perdone la RAE, no encuentro término mejor) clásicos de la literatura: "Lazarillo Z", "Orgullo, prejuicio y zombies", "La casa de Bernarda Alba Zombie"... ¿Moda con escaso valor literario? Probablemente en la mayoría de los casos. Como escritor o lector, jamás me había sentido atraído por esta moda. De golpe y porrazo, la página H-Horror abre una web hermana dedicada a este fenómeno: Clásicos y Zombis. Me pasé y leí los relatos colgados en la página y, cual es mi sorpresa, me encuentro con trabajos en el peor de los casos muy entretenidos.
Ni corto ni perezoso, decido probar suerte y escribir varios relatos para la convocatoria del IV recopilatorio H-Horror, dedicado a zombificar clásicos universales o relatos de otros autores de la web. Hice tres relatos, pero sólo presenté dos. El tercero decidí reservarlo para el blog.
Hoy os presento la primera parte de este experimento aberrante y destartalado, que quizás no guste mucho, pero que supuso para mí un buen desfogue y algo curioso. ¿Y qué clásico elegí? Apunté alto y decidí destrozar la historia de amor más grande de la literatura: Romeo y Julieta, de Shakespeare, pero en una versión más cercana a la película de Baz Luhrman.  Y como se trata de una gran tragedia, decidí alejarme un poco del tono irónico y humorístico de la mayoría de zombificaciones.
Vaya por delante mis más sinceras disculpas por semejante atrevimiento.

PD: Aprovecho para recordar que ya está a la venta el tercer recopilatorio de relatos de Horror Hispano, dedicado en esta ocasión al Más Allá. Conseguid un ejemplar en la página web.

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LOS AMANTES MALDITOS
(Abyecta versión libre de "Romeo y Julieta")
Javier Pellicer Moscardó

En otra Verona, quizás no tan bella...

Cuando Romeo abrió los ojos no había Cielo o Infierno esperándolo, sólo ausencia. Por no sentir, no sentía ni el calor de su sangre. El corazón había enmudecido, los pulmones ya no tenían fuerza para mover su pecho. Levantó la cabeza, lentamente; sus huesos, escandalosamente crujientes, crujientemente escandalosos, derrotaron el silencio de la estancia.
Y volvió a sentir.
Julieta, su dulce y bien amada Julieta, yacía muerta. Abrazada a él en un último gesto de amor, tenía el pecho abierto por una certera puñalada en elcorazón. Romeo lanzó un alarido tal que la tumba resonó como las Siete Trompetas del Apocalipsis. Desolado, se arañó el rostro, y al hacerlo advirtió que sus uñas arrastraban tras de sí piel y carne. Un líquido seroso, que en otro tiempo podría haber sido sangre pero que ya sólo era una pasta pútrida, impregnó sus dedos sarmentosos. Al principio, Romeo se dejó llevar por la demencia al creer que Dios lo había castigado por rechazar el regalo de la vida.
Pero su mayor angustia no era estar muerto o vivo, o ambas cosas. Julieta se había ido, jamás podría contemplar de nuevo la hermosa sonrisa de perlas, la gracia de la beldad más inocente que el mundo había albergado. La acarició con sus dedos ahora decrépitos, se acercó a su rostro y la besó con cuanta dulzura fueron capaces sus labios cuarteados.
Pero al rozar la piel muerta horas antes, apareció el Hambre.
No advirtió que le mordía el cuello hasta que la sangre, ya fría y espesa por el toque de la muerte, salpicó toda su boca. El sabor agrio, pero sobretodo el profundo placer que recorrió su cuerpo como un relámpago, le devolvió la razón. Entre aullidos, se apartó del cuerpo deshonrado. Arrebujado en una esquina, gimiendo como un perro lastimero, se arrancó la que en vida había sido una hermosa cabellera rubia. Se sintió vil, un monstruo socavado por una avidez incontrolable. Porque, a la vez que se fustigaba, seguía atenazado por el Hambre. Lo llamaba, abrasaba su espíritu maldito con cantos malsanos y apetitos execrables. Quizás no pudiera sentir dolor físico, pero los tormentos de su alma bastaban para hacerlo enloquecer.
De pronto, unas manos tomaron las suyas y descubrieron su rostro. Por un momento pareció que su pena había sido conmutada. Habría creído que estaba en el Cielo, pero la palidez de aquel ángel no era beatífica, sino gélida y tétrica. Sin embargo, el corazón se le ensanchó en un único latido.
Julieta estaba viva, de nuevo. O tal vez no. Lo comprendió al contemplar el agujero en su cuello, por donde ya no manaba sangre, sino la misma sustancia densa de sus heridas en la cara. Julieta lo miraba con la cabeza ladeada, pues el agujero era tan grande que el cuello grácil no podía soportar del todo el peso de su cráneo. Sus ojos, antaño azules, habían perdido su color y estaban rodeados de una oscuridad cadavérica. Su cabello ya no era sedoso, sino quebradizo, de tono gris y no dorado.
—¿Qué te he hecho, esposa? —Romeo lloró de alma, pues sus ojos eran incapaces de parir una lágrima.
—¡Oh, dueño mío! —dijo Julieta, con voz arenosa sustituyendo a la armonía perdida de sus labios— ¡No te fustigues más! ¡No importa lo que haya ocurrido, estamos juntos!
—Pero te he convertido en un monstruo, en un no-muerto, un engendro apartado de la Gracia de Nuestro Señor.
—Poco me importa ya la gracia de quien sólo nos ha otorgado sufrimiento —una mueca de odio rasgó sus facciones, abriendo heridas en la comisura de sus labios, afeándola—. ¡Reniego de Él y te abrazo a ti, que eres mi verdadera vida!
Romeo envolvió a su amada. Luego se besaron, desatendiendo los pedazos de carne que se desprendían de sus labios.
—Si ese es tu deseo más encarecido, no te apartaré de mí. Pero el Hambre me aprieta.
—Descarguémos pues nuestra avidez contra los que nos han condenado —convino Julieta. 
—Así sea. Hoy devoraremos a los Montesco y a los Capuleto.

(Continuará la próxima semana)



Narración radiofónica de mi relato "Como hadas guerreras"