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Alcander, de Luisa Fernández

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domingo, 7 de octubre de 2012

Entrevista a Pedro Santamaría (II)


Saludos, caminantes.

Esta semana os dejo con la segunda parte de la entrevista a Pedro Santamaría, autor de la magnífica "El águila y la lambda", una novela histórica ambientada en la Primera Guerra Púnica, y por ello muy especial para mí (porque transcurre justo antes de "El espíritu del lince", porque Pedro es compañero de editorial, y porque es un tipo magnífico). Espero que la disfrutéis:

—Cuatro personajes y cuatro puntos de vista totalmente distintos. Supongo que esa fue tu intención. Háblanos brevemente de ellos.

—Así es. Aunque la narración de todo lo que es la situación política y estratégica sigue una línea cronológica, cada uno de los personajes se va alternando y vemos el conflicto desde su perspectiva. Marco Atilio Régulo, el cónsul, observa la situación desde el mando y la alta política. Es un hombre de honor, recto, capaz, inteligente y energético. Aulo Porcio Bíbulo, que comienza la historia como remero en una de las naves romanas es un plebeyo de la más baja estofa, un poco golfillo, le gustan los dados, las mujeres y no siente ningún interés por la política. Arishat, la cortesana, es una mujer atractiva e inteligente que ha logrado escalar en el mercado del sexo hasta lo más alto y que satisface los deseos de grandes políticos cartagineses. No cree en el amor y se podría decir que hasta desprecia a los hombres, a quienes, sabe no solo complacer sino también, hasta cierto punto, manejar. Y por último está Jantipo, el mercenario espartano. Su código de conducta y su vestimenta son arcaicos, es un excelente general, su vida ha sido la guerra, lleva la austeridad al extremo y siente una profunda melancolía por lo que Esparta fue y no es.

—Lo curioso es que ninguno de los cuatro personajes tiene el rol de villano. Incluso Régulo, que podría parecerlo al principio por tratarse del conquistador, se hace cercano al lector muy pronto. Lo más parecido a un «malo de la película» es Longo. ¿Algún motivo especial para plantear de este modo la novela?

—Digamos que mi idea era que ambos antagonistas resultasen carismáticos, como de hecho debieron ser. No se trataba de hacer un bueno y un malo, sino que, a medida que la situación va rumbo a esa colisión que es la batalla final, uno no sepa muy bien dónde residen sus simpatías. Hay razones para que ambos ganen, ambos merecen la victoria, pero solo uno puede ser el vencedor. Puede decirse que quienes se enfrentan en Bagradas son dos hombres de honor y dos excelentes estrategas, cada uno juega sus bazas pero tras ellos se cierne la sombra de la política. Respetan al contrincante que tienen enfrente, pero el peligro real no viene de esa dirección, sino que más bien anida en las ciudades por las que luchan, donde la ponzoña de los intereses y las maquinaciones políticas les causan más problemas que la guerra en sí.

—Te confieso que una de las cosas que más me gustó fue cómo has planteado las batallas (excepto el combate final): las preparas, y cuando están a punto de desatarse, cortas el capítulo y dejas ese momento en suspenso. Crea un poderoso efecto en el lector. Es efectivo.

—Por un lado, no quería cargar el relato de descripciones que no eran esenciales para la trama y por otro, he de admitir que una espada puede clavarse en un contrincante de un número limitado de formas. Hay tres batallas de las que cuento tan solo los pasos que llevan a ellas y luego, en capítulos posteriores, su desenlace. Si quería describir Bagradas con todo lujo de detalles, tenía que abandonar la idea de describir otras, por miedo a mostrarme repetitivo con las estocadas, los chorros de sangre y los hombres tendidos en el suelo aullando de dolor. Y sí, ha resultado ser muy efectivo, se sabe lo suficiente y la trama sigue su rumbo sin interrupción.

—Yo sigo alucinando desde que me dijiste que «Okela» era la primera novela que escribías en toda tu vida, y que ni siquiera sufrió un rechazo editorial. Para colmo, aseguras que no lees novela, solo ensayos. ¿Por qué entonces diste el paso a la literatura de ficción?

—Okela respondía a un sueño de la infancia, cuando fantaseaba con aquella cita de Estrabón en la que el geógrafo griego afirmaba que los cántabros eran descendientes de los espartanos. Aunque también ha tenido que ver con esa frasecita tan conocida de “el árbol, el hijo y el libro”. No es que no lea novela histórica, algo leo, aunque no mucho. Pero lo que más me gusta es la historia a secas. Nunca había escrito ficción, tampoco historia, salvo, en ambos casos, los trabajos para la escuela. Por las notas que sacaba se ve que se me daba relativamente bien, pero vamos, que nunca antes había escrito nada digno de mención (alguna carta de amor, eso sí, y los típicos poemas de adolescencia que ahora da vergüenza leer). De hecho, cuando puse el punto final a Okela, pensé que no volvería a escribir más, y henos aquí con una nueva novela publicada en menos de un año. Jamás creí que mi vida tomaría este rumbo.

—Y ahora sacas la segunda. Vas lanzado. Eres la envidia de todos los que formamos este gremio. ¿Te sientes ya plenamente escritor?

—No creo que despierte mucha envidia, como dirían Okela o Jantipo: “Esparta tiene hombres mejores que yo”. Y no, no me considero escritor. Para mí un escritor tiene un aura mágica, es alguien que tiene un profundo conocimiento de la lengua en la que trabaja, que vive de lo que escribe, que es capaz de decir mucho con pocas palabras y que es capaz de moldear un texto que marque profundamente a cualquier lector. Como mucho diría que soy autor de un par de novelas, o por tomar una frase prestada de Mario Vargas Llosa “soy un escribidor”. Bien es cierto que una vez que he tomado esta senda pienso seguirla a ver a dónde conduce. El camino no es fácil, pero estoy deseando andarlo y dar lo mejor de mí. ¿Llegaré a ser escritor tal y como lo concibo? Sólo las musas lo saben pero, por mí, no creo que quede.

—¿Nos puedes adelantar qué próximas historias cueces en tu cabeza?

—Pues son muchas, de hecho he empezado a escribir una que tiene como telón de fondo la tardo-antigüedad en Hispania. Tengo más o menos la historia en la cabeza, pero hay que encontrar tiempo y las musas tendrán que encontrarme delante del teclado. Una de las razones por las que aún no me he puesto a ello seriamente es que quiero hacerlo mejor que con “El Águila y la Lambda” y a veces dudo de que vaya a ser capaz. El tiempo lo dirá.

—Un saludo, Pedro, y gracias por darnos a conocer un poco mejor tu novela.

—De nada Javier. Ha sido todo un placer.


domingo, 30 de septiembre de 2012

Entrevista a Pedro Santamaría (I)


Saludos, caminantes. Un año después de que Pedro Santamaría sorprendiera a propios y extraños con su primera y arriesgada novela «Okela. Espartanos en Cantabria», el autor santanderino vuelve a las librerías con la adaptación literaria de otro episodio histórico de la antigüedad. «El águila y la lambda» (Ediciones Pàmies), dedicada a un momento muy específico de la Primera Guerra Púnica, es su nueva oferta al lector. Veamos qué nos cuenta.

—«El águila y la lambda» transcurre en el año 256 a.C. La Guerra Púnica, librada hasta el momento en Sicilia, está de algún modo enquistada, sin ventaja ni para romanos ni para cartagineses. En este ambiente tenso das comienzo a la historia. Resúmenos un poco el argumento, hasta donde creas conveniente.

—La eterna pregunta ¿Cuánto desvelar para que resulte interesante pero sin dar demasiadas pistas? El Águila y la Lambda relata la primera invasión de África por parte de los romanos desde cuatro puntos de vista diferentes: el de Marco Atilio Régulo, Cónsul de Roma, quien está al mando de la expedición; Arishat, una bellísima cortesana cartaginesa; Aulo Porcio Bíbulo, un remero en la flota de la república y Jantipo, general mercenario de origen espartano al servicio de Cartago. Los destinos de estos cuatro personajes se solapan y entrelazan en una narración que abarca desde la batalla naval de Ecnomo (256 adC) hasta la de Bagradas (255 adC) momento álgido de la campaña.

—¿Qué tiene esta época para que hayas decidido hablar sobre ella?

—Pues yo diría que los suficientes ingredientes históricos como para poder trabajar con las fuentes, pero no demasiados, para así poder echar a volar la imaginación sobre cómo pudieron ser aquellos días. Es un momento en el que la suerte de Cartago parece estar echada, en el que la tensión ante su inminente caída es, por decirlo de algún modo, eléctrica. Y, lo que más me llama la atención, es que nadie se haya lanzado a novelar este episodio antes. De hecho, la primera guerra púnica es una gran olvidada en la novela histórica, en primer lugar porque sabemos bastante menos de ella de lo que sabemos sobre la segunda y quizá también porque figuras como los dos grandes antagonistas, Anibal y Escipión, y sus grandiosas campañas y batallas eclipsan a otros personajes relevantes y carismáticos tanto anteriores como posteriores. El simple hecho de que fuese un general espartano en quien Cartago deposita su confianza es extremadamente evocador. Al fin y al cabo, la Esparta de la época era ya poco más que un pueblo grande, una entidad política insignificante y, no obstante, parece que aún mantenía cierto prestigio en lo militar como parte de un pasado glorioso. Por otro lado, Marco Atilio Régulo debió ser un general muy capaz y, por lo que trasciende de su personalidad y por la leyenda que se creó alrededor de él años después, un romano que serviría de ejemplo a generaciones posteriores. ¿Cómo no dejarse llevar por estos dos personajes de tintes, para mí, homéricos?

—Resulta llamativo que hayas elegido precisamente a un espartano como motor de la historia, aunque el protagonismo sea compartido con otros tres personajes. ¿Por qué Jantipo? ¿Tienes debilidad por los espartanos? Porque en tu anterior novela ellos eran los protagonistas absolutos.

—Muchos escritores dicen que no son ellos los que eligen las historias que cuentan sino que, más bien, es al revés; que son las historias las que les eligen a ellos para ser contadas. Aunque pueda parecer una observación un tanto mística, creo que hay algo de verdad. Es cierto que me apasiona la historia antigua en general, que dentro de la historia antigua es la Grecia clásica la que más me fascina y, sin duda, dentro de lo que es la historia clásica la sociedad espartana, con sus luces y sus sombras, resulta muy evocadora. Creo que sí tengo cierta debilidad por los espartanos, pero ¿Hubiera escrito el “Águila y la Lambda” de no haber habido un espartano por medio? Yo creo que sí. Aunque también es cierto que me he sentido muy cómodo con el personaje al poder dotarle de una personalidad lacónica y, a mi entender, realista, que pude explorar en profundidad mientras escribía Okela.

—Dices en la contraportada que tu principal fuente histórica ha sido Polibio. Imagino que no ha sido la única. Por experiencia propia sé lo complicado que es documentarse sobre esta época en concreto. Cuéntanos un poco sobre el proceso de documentación.

—Lo cierto es que la creación de “El Águila y la Lambda” fue un tanto extraña. No soy ningún erudito, pero dado que más o menos me desenvuelvo en la época en cuestión, el aspecto documental no fue difícil. Sencillamente me puse a escribir y cuando me encontraba con alguna duda consultaba libros que ya he leído. El proceso de escritura fue vertiginoso. Se desarrolló a lo largo de Agosto de 2011, un mes que me pasé prácticamente pegado al teclado, aporreándolo sin parar y exprimiendo de él una historia que parecía ir escribiéndose sola. Tuve que consultar principalmente a Polibio para poder relatar el proceso de la campaña, aunque en ocasiones me aparto de sus “Historias”. No obstante, hay otros que dieron cuenta de aquel episodio, Dion Casio, Zonaras o Diodoro de Sicilia. En los casos en los que estos historiadores difieren en lo que cuentan sobre la campaña, me he decantado por la explicación que mejor se adaptaba a la trama de la novela. Por ejemplo, Polibio afirma que fue el propio Régulo el que envió emisarios a Cartago para tratar la paz, por el contrario, el resto de historiadores afirma que fue al contrario. También Polibio nos cuenta que la batalla de Adis ocurrió al amanecer y Zonaras que fue de noche (según él muchos cartagineses murieron mientras dormían). Polibio suele ser el más fiable de ellos, por eso me he basado en su versión aunque en ocasiones me desvíe y en otras supla alguna laguna con las consabidas licencias.

—A nivel narrativo tu prosa es rápida y directa, y sobre todo poseedora de un ritmo muy visual. Ayuda mucho que los capítulos sean cortos. Sin embargo, huyes generalmente de descripciones más profundas. ¿Es intencionado?

—Lo cierto es que no lo sé. Escribo tal y como sale. No tengo un esquema hecho y no suelo plantearme si esto o aquello es más o menos efectivo. Sí es cierto que en ocasiones prefiero abandonar partes de la narración a la imaginación del lector, no contarlo todo sino más bien dar alguna pincelada. Por ejemplo, en la novela, sabemos que Jantipo ha sufrido en su pasado, pero dado que el personaje es reticente a hablar de ello, no llegamos a saber nunca que le pasó en realidad, lo intuimos, percibimos que fue algo traumático y que le marcó, pero si él no lo cuenta, yo, como narrador, tampoco debo hacerlo. De igual forma, no conocemos el pasado de Arishat, la cortesana, pero podemos intuirlo. Utilizar todo un capítulo para hacer una regresión o “flash-back” en mi opinión hubiera restado intensidad a este relato que debía ser ágil y en el que la tensión debía ir “in crescendo”, casi sin pausas, hasta llegar al punto álgido que es la batalla de Bagradas.

Pedro Santamaría y Javier Pellicer

(Continúa la entrevista la semana que viene)

domingo, 1 de abril de 2012

Las primeras reseñas de "El espíritu del lince"

Saludos, caminantes.

Han pasado dos semanas desde la publicación de mi novela "El espíritu del lince", y ya han empezado a aparecer las primeras reseñas del libro. He de decir que, para mi satisfacción, la gran mayoría son muy positivas. De hecho, entusiastas. Os dejo los enlaces de todas las que han aparecido por ahora (de las que tengo noticia, al menos):

-Crónicas literarias. Juan de Dios Garduño, autor de la novela de éxito "Y pese a todo" (que será llevada internacionalmente al cine en breve), dice auténticas maravillas de "El espíritu del lince": "Leyendo esta novela, en muchos momentos, he tenido el corazón en un puño, los ojos húmedos, mientras que en otros odiaba a Icorbeles por su cabezonería y patriotismo exacerbado que le impedían ver lo que es más importante y que descubrirá al final de la novela."
http://cronicasliterarias.com/2012/03/resena-el-espiritu-del-lince-de-javier-pellicer/

-Cruce de caminos. David Gómez, bloguero, escritor y lector empedernido, asegura que "la mayor fuerza de la novela está en sus personajes, bien construidos y bien relacionados. Javier ha sabido explicar la trama con la pausa necesaria dándole en cada tramo de ella la importancia que se merecían unos u otros sin que sus sombras se taparan."
http://www.crucesdecaminos.blogspot.co.uk/2012/03/el-espiritu-del-lince-de-javier.html

-Propera parada cultura. Jesús Cuenca Torres comenta que el último tramo de la novela le produjo "una sacudida de emociones que terminó envolviendo todas las demás sensaciones."

-Cultura Hache. Víctor Morata realiza una amplia reseña en la que dice que "Javier Pellicer ha sabido aprovechar toda la información de la que se ha valido para crear una novela amena llena de aventura, amor, drama, diversión, fraternidad, lealtad..."

-José Antonio Castro Cebrián. Aunque no se trata de una reseña en toda regla, no me resisto a dejaros el emocionante comentario que el autor de la novela "El Cementerio de la Alegría" ha dejado en el blog oficial de "El espíritu del lince". Realmente es de los que te dejan un nudo en la garganta: "Hay veces en las que encontrar un tesoro es harto imposible, si hablamos de un buen libro. En mi caso, un lector al que la novela histórica, salvo contadas excepciones, no me atrae especialmente, decir que he encontrado un tesoro no es ninguna nadería. Darte la enhorabuena por "El espíritu del lince" no es por intención de halago gratuito, es una mísera y sincera muestra de mi gratitud por tu esfuerzo, el trabajo, y el buen hacer de cada una de las páginas de tu estupendo relato, de tan atrapante historia. Gracias Javier, muchas gracias por ser escritor, y contar tan bien y con tanto acierto una narración grande, universal. Gracias por brindarnos la oportunidad de leerte."

Pero no solo ha habido reseñas, sino también algunas entrevistas, que también os dejo por aquí:

Best Seller Español.

La ventana de los libros.

Crónicas literarias.

Tierras de alquimia.

Blanca Miosi y su mundo.

No está nada mal para empezar, ¿verdad?

Por último quería recordaros que sigue en pie la iniciativa de regalar "Las crónicas perdidas", la antología de relatos ambientada en mi novela. Tan solo tenéis que enviarme una foto en la que aparezcáis con vuestro ejemplar de "El espíritu del lince". Dicha foto podéis remitirla a través de mensaje privado en Facebook (o colgándola en mi muro) o en la cuenta de correo siguiente: icorbeles@terra.es
Como muestra, una de las últimas en hacerlo, Mari Carmen Pacheco. Podéis ver a más amigos posando con el libro en el blog oficial de la novela:


Un abrazo a todos!!

lunes, 10 de octubre de 2011

Una charla cafetera en Cruce de caminos


Hoy me gustaría recomendaros que echarais un ojo al fantástico blog de David Gómez, alias Bolzano, Cruce de caminos. Esta semana he sido el invitado en sus charlas de café (riquísimo, por cierto), donde David y yo hemos hablado sobre un buen puñado de cosas relacionadas con la literatura (y otras que no tienen nada que ver). Una entrevista diferente, entre amigos, donde podréis conocerme un poco mejor, así como también algunos de mis proyectos futuros.
Ha sido una experiencia magnífica que podéis leer AQUÍ.

domingo, 16 de enero de 2011

Isabel Barceló - La primera entrevista del año (II)

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Lo prometido es deuda. Aquí os dejo la segunda parte de la interesante entrevista con Isabel Barceló, autora de "Dido, reina de Cartago". Desde aquí agradecer lo mucho que Isabel compartió conmigo, pues como podéis comprobar, desveló con gran detalle todos los aspectos de su novela.

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—¿Qué es más de tu agrado, Historia o Mitología?
— La historia y la mitología tratan del ser humano: la primera relata los hechos de una manera científica; la segunda refleja la condición humana de una manera simbólica y profunda. Ambas son materia literaria y me interesan por igual.
—La etapa en la que está ambientada la novela es muy antigua. ¿Ha sido complicado conseguir documentación?
— Como muy bien dices, se trata de una época muy remota – hace aproximadamente 3.000 años – y las fronteras entre la historia y el mito están muy difuminadas. Sin embargo, hay una serie de hechos que nos han sido transmitidos como históricos y, si recuerdas, existe en matemáticas el llamado “problema de Dido” que hubo de esperar a ser demostrado mediante una fórmula matemática hasta mitad del siglo XIX y que ella había resuelto de manera intuitiva para delimitar el territorio de su nueva ciudad. Dido dejó una huella profunda en el Mediterráneo, aun cuando su historia esté entremezclada de leyenda. Para la historia general de la reina Dido me he basado en las noticias que han llegado hasta nosotros a través del historiador latino Justino. Para la historia de los amores de Dido y Eneas, como ya he dicho, en lo narrado en La Eneida.
En cualquier caso, a mí me gusta cerrar los libros una vez los he consultado. Escribo como novelista, no como historiadora. Lo que a mí me motiva no es repetir al pie de la letra, novelándolo, lo que dicen las fuentes – que tampoco son del todo fiables –, sino entender al personaje, dilucidar por qué actuó de tal o cual manera, reconstruir una personalidad que encaje con los hechos que conocemos, indagar en los motivos por los que en un momento determinado esa persona tomó una decisión que cambiaría radicalmente su vida. Quiero comprender al personaje y, a través de él, comprendernos mejor como seres humanos. Por tanto, una vez me he formado una idea acerca de su personalidad y su experiencia vital, trato de transmitirla recurriendo a los instrumentos y recursos literarios. Mi objetivo no es propiamente hablar de historia, sino contar la vivencia de un ser humano en su momento histórico.
—En “Dido, reina de Cartago”, priman los personajes y la relación entre cada uno de ellos. El centro de todas éstas es, sin duda, el romance que mantuvieron Dido y Eneas. ¿Los ves como los primeros Romeo y Julieta? ¿Por qué estas historias de amor trágicas nos atraen tanto?
— Creo que tienen el atractivo de lo prohibido. Se nos permite sentir amor, pero tenemos absolutamente vedado entregarnos a la pasión amorosa entendida como ese amor tan intenso que todo lo trastoca, que no teme ir más allá de lo considerado socialmente razonable, que niega límites e ignora las prohibiciones, que utiliza cualquier recurso para imponerse, arriesgándose incluso a terminar en muerte. La intensidad de esos amores nos admira y nos conmueve, nos identificamos con ellos e incluso nos gustaría vivirlos, pero o no surge la oportunidad o, si surge, no nos atrevemos. La ficción nos permite aproximarnos intelectual y emocionalmente a esa experiencia prohibida.
Shakespeare, cualquiera que fuera su intención al escribir Romeo y Julieta, puso en evidencia que salirse de las normas y vulnerar prohibiciones conduce a la muerte. Básicamente es el mismo mensaje que repitieron una y otra vez los romanos. En cuanto a Dido y Eneas, la suya es la gran historia de amor de la cultura romana. Muchos estudiosos, críticos y lectores (entre los que me cuento) consideran que es la parte más conmovedora de La Eneida. Y, desde luego, sus amores produjeron muchas obras de arte a lo largo de la historia y han sido interpretados de maneras diversas.
En cuanto a las razones por las que está prohibida la pasión amorosa:
Los romanos (y otras civilizaciones antiguas) pensaban que la pasión amorosa tal como la hemos definido subvierte el orden social y sólo puede atraer la desgracia a quienes se entregan a ella, una desgracia que arrastrará consigo a sus familiares, sus ciudades y sus pueblos, con efectos a menudo prolongados en el tiempo y perdurables. De hecho, Virgilio señala la ruptura amorosa entre Dido y Eneas como el origen de la enemistad brutal entre cartagineses y romanos que, ya en su tiempo y tras haberse librado tres guerras (las guerras púnicas), se había saldado con la destrucción de Cartago hasta los cimientos. No cabe una consecuencia más terrorífica que esa. El que la de Virgilio fuera una justificación poética no menoscaba la fuerza del mensaje. Varios mitos romanos anteriores insistían en ese peligro.
Por otra parte, Virgilio presenta a Eneas como el modelo de ciudadano romano – conviene aclarar que los romanos se consideraban descendientes de los troyanos a través del príncipe Eneas –. Su conducta frente al amor es la que debe tener todo buen ciudadano. El amor a una mujer siempre estará subordinado a las exigencias y deberes cívicos y, desde luego, a la voluntad de los dioses. Nosotros somos herederos de ese modelo, estamos atañidos por él y lo reconocemos perfectamente. Por eso nos sigue conmoviendo: la pasión intensa en el amor, aunque individualmente deseada, se sigue considerando socialmente intolerable y peligrosa.
—No podíamos dejar de hacer referencia a tu exitoso blog, “Mujeres de Roma”, en el que las grandes mujeres de la Historia son las protagonistas. ¿Por qué dedicarles un espacio?
—El olvido sistemático al que nos hemos visto sometidas las mujeres es muy dañino para la sociedad. Primero porque es, evidentemente, injusto: las mujeres, para bien y para mal, estamos en el mundo desde su origen y no hay ninguna razón objetiva para que se nos otorgue un valor social inferior al de los varones. La injusticia no es un buen clima para el desarrollo de una sociedad. Segundo, porque esa minusvaloración histórica tiene efectos actuales. El desprecio, el maltrato, la falta de consideración hacia las mujeres o las dificultades que encontramos para acceder a puestos de responsabilidad en todos los ámbitos, laborales, sociales, políticos, no son fruto de la casualidad, sino de ese ninguneo histórico, esa persistente negativa a reconocer todo lo que las mujeres han venido aportando a la humanidad. El olvido nos ha impedido acumular prestigio y cada vez que pedimos algo, parece que hemos de partir de cero, volver a demostrar que nos lo merecemos, que seremos capaces de gestionar lo que exigimos, etc. etc. Es una traba muy importante para progresar, cuando media humanidad está constituida por mujeres.
Mi minúscula contribución a esa lucha de las mujeres por alcanzar el respeto y el trato digno que nos merecemos, es recordar a las mujeres del pasado. He elegido a las romanas porque me fascinan y porque nosotros pertenecemos a esa civilización, estamos impregnados de ella. Así en mi blog hablo de mujeres que han descollado por diversos motivos en la historia, pero también creo personajes de ficción para mostrar cómo era su vida y, a través de ella, sus reivindicaciones, sus aspiraciones, sus creencias, el origen de sus fiestas, etc., siempre desde esa óptica y punto de vista de la mujer. Un punto de vista que jamás excluye a los varones.
—¿Crees que estamos en un mundo de hombres? ¿Qué podemos aprender de las antiguas civilizaciones matriarcales?
——Creo que el mundo es de todos, pero está dominado por los más fuertes. Quien tiene la fuerza, tiene el poder. Los varones son más fuertes y se refuerzan continuamente dominando las instituciones, las reglas del juego social, la economía… a través de todo ello se imponen a las mujeres y les vetan de todas las maneras posibles el acceso a esos instrumentos. Los países ricos dominan a los pobres, los amos a los siervos, las jerarquías religiosas a los fieles, los que tienen autoridad abusan de los menores… Se diría que la fuerza y/o el poder de una persona sólo pueden medirse por su capacidad de aplastar al débil.
No me atrevo a decir qué podríamos aprender de las sociedades matriarcales antiguas, no las conozco suficientemente bien, pero tengo la seguridad de que si hubieran librado grandes guerras, si hubieran vivido en una escalada de dominio de unas sobre otras, tendríamos noticias de ello. El acrecentamiento del poder no es una obsesión para la mayoría de las mujeres, no es su móvil, ni su prestigio reside en él. Su autoridad descansa más bien en el ejercicio equilibrado de ese poder. Tengo la convicción de que una sociedad con un reparto equitativo del poder entre hombres y mujeres sería considerablemente mejor, porque se complementarían las virtudes de ambos géneros y cada uno pondría freno a los defectos del otro.
—¿Cual es la figura femenina de la antigüedad que más te ha influenciado?
—No hablaría tanto de influencia como de fascinación. Y son muchas las mujeres fascinantes que encontramos en la antigüedad, bien por sus virtudes excelsas, como es el caso de Cornelia, la madre de los Graco, bien por su refinadísima (y cruel) astucia, como Livia; por su personalidad y capacidad de seducción, como Cleopatra; por su lucha y su fracaso en la conquista del poder político, como Fulvia o Agripina. En fin, la lista sería interminable. Con todo, la reina Dido es el personaje femenino al que me he sentido más próxima, por razones obvias. A diferencia de otras mujeres, ella entró en la historia por derecho propio, por ser ella misma y no por su relación con un varón, ni siquiera Eneas. A mi parecer, ella refleja esa posibilidad cierta de gobernar sin violencia, de conseguir sus objetivos prescindiendo de las armas. Fue una mujer extraordinaria.
—¿Tienes nuevos proyectos en marcha?
—Siempre tengo proyectos. Tengo textos en cartera que me gustaría ver publicados, y tengo también intención de escribir una nueva novela, probablemente en Internet.
—Por último, dime un aspecto de “Dido, reina de Cartago” que te haga sentir especialmente orgullosa.
—En general los lectores coinciden en señalar que Dido les ha dejado huella, que no la olvidarán. Eso satisface con creces mi aspiración de recobrar la memoria histórica de las mujeres y mi trabajo como escritora. Más que orgullosa, me hace sentirme feliz.
—Isabel, ha sido un placer acercarnos a ti y a tu obra. Un abrazo de parte de todos los lectores de Ilike Magazine. 
-Muchas gracias a vosotros por darme esta oportunidad. Me ha encantado esta charla. 

 

domingo, 9 de enero de 2011

Isabel Barceló - La primera entrevista del año (I)

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Para inaugurar este nuevo año de entrevistas, he elegido una escritora muy especial: Isabel Barceló. Licenciada en Filosofía y Letras, esta alicantina puede alardear (pero no lo hace) de haber recibido la prestigiosa beca Valle-Inclán de literatura concedida por el ministerio de Asuntos Exteriores para la Real Academia de España en Roma. Su novela “Dido, reina de Cartago”, ha sido alabada por la crítica y el público en general. Esta es la entrevista que le hice para la revista Ilike Magazine, dividida en dos partes por tratarse de la versión íntegra.



—Los inicios de “Dido, reina de Cartago” son dignos de mención: conforme escribías los capítulos los colgabas en tu blog “Mujeres de Roma” y dejabas que tus seguidores participaran en la creación. ¿Por qué decidiste iniciar su periplo de este modo?
— En mi blog teníamos una tertulia muy agradable, la gente participaba con abundantes comentarios y disfrutábamos juntos. En ese clima distendido y de buena comunicación, empecé a escribir sobre la reina Dido. A mi parecer, disfrutamos de una novela cuando el autor consigue que nos identifiquemos con el protagonista o con alguno de los personajes, porque vivimos sus peripecias como si fueran realmente nuestras. Y pensé en la posibilidad de hacerlo al revés: que los lectores me dijeran qué personaje querían ser, siguiendo sus propias inclinaciones y fantasías, y me comprometía a hacerlos salir en la historia. Les di la opción de elegir personajes de los que citan las fuentes clásicas o bien decidir ellos mismos el nombre y la profesión o actividad que querían para su personaje, quedando bajo mi exclusiva responsabilidad la creación de sus personalidades, su papel en la historia, etc. Cada cual expresó sus preferencias libremente. En fin, a excepción de Dido y Eneas, protagonistas absolutos de la historia, cuyos papeles no quise otorgar a nadie, el resto de personajes están “encarnados” por lectores.
—¿Qué te ha aportado esta singular experiencia? Háblanos un poco del proceso.
 —Ha sido una experiencia extraordinaria y muy satisfactoria, tanto desde el punto de vista humano como desde el creativo. Hasta donde yo sé, ningún otro autor ha trabajado con personajes propuestos por terceras personas.
Desde el punto de vista creativo, el reto era encajar a tantos personajes (unos 70) de una manera natural, estableciendo relaciones entre ellos y otorgándoles un papel en el desarrollo de la historia, corto o largo, pero perfectamente acorde con el conjunto. Esa abundancia y variedad de personajes se aproxima bastante a la vida real, en mi opinión. Por otra parte, los comentarios de los lectores, sus expectativas, han influido en el curso de la historia: jamás les di la razón, por el contrario, he tratado de sorprenderles siempre, porque eso era lo divertido, ese era el juego. Como resultado, en esta novela el lector no puede adivinar, ni siquiera intuir, lo que ocurrirá a continuación.
Desde el punto de vista humano, me ha servido para relacionarme más intensamente con algunas personas, crear lazos sólidos y también para crecerme como escritora. Ha sido una experiencia gozosa para alguien que, como yo, reivindica la alegría de escribir.
Quizá los lectores de esta entrevista puedan preguntarse cómo es posible incluir en una novela histórica personajes elegidos de una manera tan aleatoria. La historia suele recoger los hechos y los nombres de las personalidades más importantes y guarda silencio sobre todos los demás. La realidad, sin embargo, nos dice que esos grandes personajes vivieron rodeados de mucha gente que estaba siempre a su lado o pasaron fugazmente por sus vidas: servidores, parientes, amigos, enemigos, personas de las cuales no sabemos nada. Para dar cuerpo a las figuras históricas, el autor ha de inventarse esos personajes secundarios, pues los necesita para mostrar su personalidad, sus motivaciones, su forma de comportarse. En este caso, los lectores, al manifestar sus preferencias, me han proporcionado la materia prima. A cambio, yo les he devuelto emoción y disfrute.
—Y entonces llegó la oportunidad de publicar gracias a la editorial ES Ediciones. ¿Qué tal la experiencia?
—Muy positiva. Llevar esta novela al formato tradicional, es decir, publicarla en forma de libro permite que llegue a muchas personas ajenas al mundo de los blogs. Y resulta satisfactorio tenerla entre las manos, poder leerla en un sofá o en la playa o en la cama, al ritmo y velocidad que cada cual prefiera. La publicación en papel de esta novela permite comprobar fehacientemente que las nuevas tecnologías no están reñidas con la calidad y, por otra parte, que las exigencias de Internet encajan perfectamente con las de cualquier lector actual. Me refiero a la agilidad, a la brevedad de los capítulos, a su contenido siempre significativo, etc.



—¿Te importa resumirnos brevemente el argumento de la novela?
—La novela se estructura en dos planos temporales: unos cuarenta o cincuenta años después de la fundación de Cartago, la anciana señora Imilce, temiendo que sus conciudadanos olviden quien y cómo se fundó su ciudad, decide escribir la vida de la reina Dido. Ella misma había viajado con ella siendo una niña, y recurre a sus propios recuerdos, a los transmitidos por su abuela – que había sido la nodriza de la reina – y los transmitidos por los primeros fundadores a sus descendientes. En este plano temporal, que es secundario pero significativo, asistimos a la reconstrucción de la historia de Dido, incluida la parte narrada por un poeta troyano que interviene por invitación de la señora Imilce. Aquí vemos cómo se elabora esa reconstrucción, las tensiones que acarrea, las diversas opiniones y posturas. Nos aproximamos a la literatura oral, que era la propia de la época, pues Imilce reúne a sus vecinos en la plazuela del granado y les va dando a conocer el texto a medida que lo prepara.
El otro plano temporal corresponde al tiempo de vida de la reina Dido cuya historia nos viene narrada. Ella era reina de Tiro por herencia paterna. Por conflictos políticos con su hermano Pigmalión, decide exiliarse con un grupo de fieles y buscar un nuevo lugar en el que asentarse. Recorre el Mediterráneo – un mar todavía inexplorado en su totalidad – y finalmente recala en las costas del norte de África. Tras muchas vicisitudes, consigue fundar Cartago, (“Ciudad Nueva”, en lengua fenicia). Y cuando ya esta ciudad comienza a florecer, arriba a sus costas la flota del príncipe troyano Eneas, que había conseguido huir de la destrucción de Troya. Dido lo acoge en su ciudad y entre ella y Eneas nace un amor apasionado que lleva, en su propia génesis, la semilla del desencuentro.
—Lo primero que salta a la vista de la novela es que transcurre a través de dos voces: Imilce, sierva de Dido, y Trailo, bardo troyano. ¿Por qué dos narradores distintos?
—Los amores de Dido y Eneas fueron relatados por el poeta Virgilio en su obra “La Eneida”. Mi intención al empezar la novela era seguir ese magno poema en lo relativo al encuentro y desencuentro de los amantes. Sin embargo, a medida que iba reconstruyendo la personalidad de la reina Dido, me di cuenta de que no encajaba con lo que nos cuenta Virgilio. Tuve claro que seguiría mi propio instinto, pero la idea de utilizar el poema virgiliano para relatar la historia dándole mi propio enfoque y obviando el de su autor me producía un fuerte malestar, como si lo traicionara a él y engañara a mis lectores. Encontré la solución contraponiendo dos voces: la de la señora Imilce, que presentaría la versión fenicia, y la del poeta Trailo, que sostendría el punto de vista de los troyanos, es decir, la versión de Virgilio.
Imilce y Trailo no sólo presentan dos versiones de los hechos, sino también dos puntos de vista diferentes a la hora de narrarlos: más épico y grandilocuente el del troyano, manteniendo a distancia a los personajes y con abundancia de intervenciones divinas, y más directo el de Imilce que, con los pies en el suelo, busca explicaciones humanas a las conductas de las personas y mantiene a lo largo de toda la novela una exigencia implícita de comportamiento ético. Imilce no acepta sin más que Eneas actúe por mandato divino. Ella sabe que hay otros motivos y los relata abiertamente. Ahí es donde está la diferencia: no en los hechos, sino en las motivaciones que mueven a cada uno de los protagonistas y en los argumentos que utilizan para justificarse.
En cualquier caso, el relato de uno y otra no se superponen, no hay repeticiones, sino que se van alternando de modo que el lector sabe en todo momento quién habla y capta perfectamente las diferencias.
—He leído algunos comentarios que catalogan tu novela como una obra eminentemente femenina. ¿Compartes esa opinión?
—En “Dido reina de Cartago” la protagonista indiscutible es la reina y después la narradora Imilce. En ella no priman las situaciones bélicas, entre otras cosas porque Dido prefería resolver los problemas sin usar la fuerza. Su arma es la astucia y la emplea oportuna e inteligentemente. El universo que se refleja es el de las relaciones personales y grupales, donde se producen y se resuelven o se ahondan los conflictos. Y como hablamos de la lucha por la supervivencia, el escenario es la vida cotidiana. Pero eso no la priva de su naturaleza épica, muy al contrario, la subraya. Por otra parte, esta novela no sólo se aproxima a lo que debía ser la literatura oral de la época, sino que desvela – para quien lo sepa ver, claro – los mecanismos a través de los cuales se forman los mitos y la manera en que se manipula la historia. Probablemente la temática y la forma en que se presenta difieren de lo que estamos acostumbrados a leer en materia de novela histórica.
El que los personajes femeninos sostengan la novela es una cuestión de gusto, pero también de equilibrio y de justicia. Creo que las mujeres son las grandes olvidadas de la historia. Y en vista de los antecedentes, temo que la expresión “obra eminentemente femenina”, aunque dicha en su mejor sentido y con una intención loable, pueda ser interpretada por algunas personas como “obra menor”. Los criterios para valorar una obra deben ser otros. 

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Hasta aquí la primera parte de esta extensa y genial entrevista. La semana que viene os ofreceré la conclusión. 

domingo, 22 de agosto de 2010

Entrevista a Teo Palacios, autor de "Hijos de Heracles"

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Saludos, caminantes.

Tras unas breves vacaciones (que han afectado irremediablemente al blog), y con la vuelta al trabajo a punto de consumarse, he decidido inaugurar esta nueva temporada con una de las entrevistas que realicé para la revista Ilike magazine hace unos meses. Se trata de una amena charla con Teo Palacios, autor de la novela "Hijos de Heracles. El nacimiento de Esparta", sin duda una de las agradables sorpresas de este año en materia literaria. No es muy común que un nuevo autor tenga éxito en su primera novela, lo cuál indica la calidad del amigo Palacios, contrastada por sus colaboraciones con publicaciones del prestigio de "Cambio 16" y "Cuadernos para el Diálogo". Por cierto, esta es la entrevista íntegra, con preguntas que no pudieron ver la luz en la revista por motivos de espacio.



-Hola, Teo, bienvenido a ilike magazine. La primera pregunta es más bien una petición. Resume brevemente para nuestros lectores el argumento de “Hijos de Heracles. El nacimiento de Esparta”.
-Hijos de Heracles tiene dos líneas argumentales principales. Por un lado, descubriremos los acontecimientos que envuelven a la ciudad de Esparta durante el periodo de las Guerras Mesenias, una etapa muy convulsa de su historia, en la que se produjeron importantes cambios sociales y legislativos y nació la idiosincrasia espartana tal como pasaría a la posteridad. Por otra parte, conoceremos a la familia de Teopompo, uno de los diarcas espartanos, que nos mostrará lo terrible que podía llegar a ser la vida durante aquella época. Uniendo ambas historias descubriremos el modo en que Esparta se convirtió en una ciudad militar y austera y las dificultades que originó ese cambio.
-Has elegido una época arcaica para tu primera novela. La historia comienza nada más y nada menos en el 735 a. C. ¿Cómo surgió la idea?
-La intención original era narrar la historia de dos hermanos enfrentados por diversos motivos. Me pareció muy interesante envolverlos en un ambiente duro y austero y, por ello, comencé a investigar sobre la forma de vida espartana. Fue así como encontré un periodo histórico maravilloso, que me entusiasmó de inmediato, y que más tarde descubrí que era inédito. Se trata de una época de grandes contrastes: es el momento en el que, en Esparta, la poesía lírica griega alcanza un nivel sin precedentes y en el que nace la música moderna. Pero, en esa época, los espartanos también adoptan leyes terribles, como el sacrificio de los bebés que mostraran alguna deformidad o la puesta en marcha de la terrible agogè, el sistema educativo espartano. Ese telón de fondo me cautivó, ya que era, en sí mismo, algo que merecía la pena contar.
-Te vuelcas especialmente en los personajes, convirtiéndolos en auténticos protagonistas y no sólo meros vehículos del argumento. ¿Crees que puede existir una buena novela sin unos buenos personajes?
-En mi opinión, en una novela los personajes son lo más importante. Son ellos los que van a marcar cómo se desarrolla la historia que contamos. Toman al lector de la mano y le dicen: “acompáñame, quiero contarte mi vida”. Y, si su vida no es interesante, cerraremos el libro en las primeras páginas. Por supuesto, hay otros aspectos que hay que cuidar a la hora de escribir novela, decenas de detalles: qué narrador es el más adecuado, la ambientación, las líneas argumentales, etc… Pero la creación de personajes es probablemente lo más importante de todo el proceso. Personalmente, presto mucha atención a los seres que vivirán mis historias. Los estudio durante días hasta que los conozco profundamente. Sólo así puedo escuchar más tarde lo que tienen que decir.
-La novela está llena de escenas terriblemente duras, en especial las asociadas al adiestramiento de los dos hermanos protagonistas. ¿Crees que la agogé, la educación militar espartana, fue tan dura, o ha sido mitificada?
-La agogè fue durísima, posiblemente incluso más de lo que se muestra en la novela. Cuando me documentaba para esta obra, estudié varios documentales sobre Esparta. En uno de ellos, un especialista decía que un norteamericano medio posiblemente moriría congelado si tenía que pasar una sola noche de invierno en las cumbres del Taigeto. Sin embargo, los niños espartanos debían sobrevivir a ese clima con la única protección de una fina capa de lana. En “La República de los Lacedemonios”, Jenofonte habla con mucho detalle de aspectos relacionados con la agogè. Se creó, por ejemplo, la figura del mastigóforo, cuya labor consistía, exclusivamente, en castigar a los niños cuando fuera preciso. Vivian casi desnudos, pasaban hambre, se bañaban en las gélidas aguas del Eurotas, su única cama eran unos juncos arrancados con sus propias manos y eran flagelados por la menor falta. Sí, sin duda la agogè era despiadada, cruel y severa.
-En una novela histórica, la documentación es esencial. ¿Qué problemas o ventajas te ha supuesto tratar una época tan poco conocida? ¿Ha sido una tarea ardua documentarte?
-Un especialista en Esparta al que consulté diversos aspectos de la novela, me indicó en su primera respuesta que “se alegraba de que alguien escribiera al fin una novela sobre la Esparta arcaica, aunque fuera una temeridad”. Conseguir información sobre la época resultó un proceso casi imposible, es muy poco lo que se sabe sobre ese periodo en la polis espartana. Esta falta de información ha provocado que diversos especialistas propongan diferentes tesis sobre qué pasó, cuándo pasó y en qué circunstancias ocurrió. Así que lo primero que me encontré fue un problema para dilucidar temas tan básicos e importantes como las fechas en las que sucederían los diversos acontecimientos narrados o incluso las mismas líneas genealógicas. Por fortuna, como digo, pude contar con la ayuda de algunos especialistas en historia y de otras personas que me ayudaron a conseguir información, artículos de revistas descatalogadas, etc. De no haber sido por ellos, la novela, sin duda, no hubiera llegado a existir.
Esa falta de información puede tener ventajas… siempre y cuando uno quiera divagar e inventar cosas. No fue el caso de Hijos de Heracles. Prácticamente toda la narración y los sucesos que aparecen en la novela tienen apoyo histórico, aunque, por supuesto, me he tomado algunas licencias.
-Me ha llamado la atención la, relativa, brevedad de la novela, que apenas sobrepasa las trescientas páginas. Estamos acostumbrados a que las novelas históricas sean más extensas. ¿Ha sido algo natural o has tenido que recortar la obra?
-Hace unos meses, María José Barrios, una autora sevillana, publicó un libro de microrelatos. El que abre el libro se titula QUIJOTE y dice así: “El gigante se escondió, muy quieto, detrás del molino”. Una sola frase y toda una historia detrás de ella. Es cierto que estamos acostumbrados a que las novelas históricas suelen tener 600, 800 o más páginas. Sin embargo, la longitud de una historia no es proporcional a su calidad. Yo no planifico la longitud de mis novelas, no deben tener una longitud mínima. Trabajar de ese modo significaría que, con toda seguridad, parte de ella no aportaría nada a la historia. Prefiero que mis novelas mantengan el ritmo y el interés a lo largo de todas sus páginas. 

-En los últimos años, cuando el público en general piensa en los espartanos indudablemente les viene a la memoria la novela gráfica y película 300. ¿Crees que esta fama puede beneficiar a tu novela o más bien puede ser un lastre?
-Depende de lo que espere el lector. En principio, tal vez pueda ser beneficioso, si bien el auge de 300 hace ya tiempo que pasó. Creo que la novela tiene un aire épico que a algunos les recordará a esa obra de forma ineludible. Los personajes muestran el mismo espíritu: parco, aguerrido, abnegado. Pero ahí acaban las similitudes entre ambas. La época histórica en la que se desarrolla una y otra son completamente diferentes. Ahora bien, aquellos a los que 300 les fascinó creo que quedarán más que satisfechos de la lectura de esta novela por un motivo concreto: Hijos de Heracles explica qué pasó para que, siglos después, Leónidas y sus hombres pudieran realizar una de las mayores hazañas de la historia. ¿Cómo fue posible que llevaran a cabo tal proeza? Hijos de Heracles contesta a esa pregunta.
-¿Por qué crees que una civilización con costumbres tan radicales ha cautivado a tanta gente? Recordemos por ejemplo que, entre otros hábitos, los espartanos arrojaban a los recién nacidos con deficiencias a un barranco.
-La cultura espartana es fascinante precisamente porque es capaz de lo mejor y de lo peor. Los espartanos realizaban actos tan terribles como el que comentas, declaraban la guerra a sus propios esclavos, que eran asesinados a cientos todos los años, o separaban a los niños de su hogar con sólo siete años para, entre otras cosas, darles de comer, durante el resto de su vida, poco más que un trozo de grasa de cerdo bañada en sangre. Y, sin embargo, pocos pueblos han mostrado la valentía que demostraban los espartanos. Su forma de pensar era única. Se conoce el caso de un soldado que sobrevivió a una batalla cuando la mayoría de sus compañeros resultaron muertos. Lejos de alegrarse, tanto él como su familia se mostraron apenados de que hubiera sobrevivido, pues la mayor gloria para un espartano consistía en dar la vida por su ciudad. Los espartanos evidenciaban una capacidad de abnegación y sacrificio difíciles de igualar. Pocas cosas provocan una impresión tan profunda en el ser humano como la valentía, y si algo no se le puede negar al espartano, es que fue uno de los pueblos más valientes que ha existido.
-Antes de “Hijos de Heracles”, te sentías más inclinado a la literatura fantástica. De hecho, las primeras versiones de la novela estaban más dirigidas a ese género, según tengo entendido. ¿Lo has apartado de tus planes de futuro?
-Creo que el género no es algo que deba preocupar. Lo importante de una novela son sus personajes y la historia que cuente. A continuación, se trata de buscar el marco adecuado para que esos dos elementos adquieran su máxima expresión. Si el marco idóneo es la Rumanía del s. XII, habrá que desarrollarla allí. Si se trata de una historia que necesite como marco a la Tierra Media de Tolkien, haremos bien en situarla en ese entorno. Si en el futuro me surge una historia interesante que sea de género fantástico, la llevaré adelante con tanto cariño e interés como cualquiera de mis otras novelas.
-Edhasa, tu editorial, ha cuidado la calidad de la edición: portada con ilustración del británico Tim Byrne, tapa dura (formato comúnmente reservado a los super-ventas)… ¿Cómo ha sido el trato con Edhasa? ¿Te han permitido involucrarte en todas las etapas de creación del libro?
-El trato con Edhasa ha sido estupendo desde el principio. Muy amable y mostrando un claro interés por dotar a la novela de la máxima calidad. También ha sido muy exigente, pues la calidad de sus publicaciones está fuera de toda duda. Por todo ello ha sido un privilegio trabajar con una editorial que tiene publicados a nada menos que quince autores premiados con el Nobel, además de innegables maestros de la novela histórica a nivel internacional. He podido intervenir prácticamente en todos los aspectos de la creación del libro. Pude dar mi opinión sobre cómo entendía que debería ser la portada, por ejemplo. Claro que, cuando contemplé la portada que Tim Byrne había desarrollado para vestir el libro, superó todas mis expectativas. La relación ha sido muy fluida, casi familiar. La verdad es que estoy deseando poder volver a trabajar con ellos.
-Hay muchas ilusiones puestas en esta novela, imagino, por tu parte y por la editorial. ¿Qué tal es ver tu nombre en las librerías por primera vez?
-Es la constatación de que voy por el buen camino. Indudablemente, uno se siente orgulloso de haberlo conseguido, pues son muchos los que se quedan en el camino. Pero hay que ser consciente de que no es más que el primer escalón de una larga escalinata que espero ir subiendo. Por ahora, todo me está saliendo bien: sólo un mes después de ponerse a la venta empiezan a aparecer las primeras opiniones entusiastas. La novela está gustando. No puedo pedir más.
-Además de escribir, colaboras en diversas publicaciones de prestigio e impartes cursos de creación literaria. ¿Crees que es provechoso para un escritor adentrarse en otros campos de acción?
-Desde luego. En los cursos de creación literaria, por ejemplo, interiorizas aspectos de este mundo que de otro modo pasarías por alto. Es muy interesante también comprobar el propio desarrollo, así como el de algunos escritores en ciernes con los que, tal vez, comparta estantería en el futuro.
-Podríamos catalogar tu carrera literaria como meteórica. Hace apenas tres años aún no te habías adentrado seriamente en este mundo. ¿Me equivoco?
-Sí, meteórica es una buena forma de decirlo. Al año de empezar a escribir tuve la suerte de que la prestigiosa agencia literaria Sandra Bruna accediera a representarme, y a los pocos meses, Edhasa mostraba interés por Hijos de Heracles. El esfuerzo es una parte importantísima en este mundo, pero no podemos pasar por alto que es muy necesario tener un poco de fortuna.
-¿Cómo es ser escritor a tiempo parcial? ¿Cuesta compaginarlo con tu trabajo habitual?
-Pues es agotador. Uno quisiera poder dedicarse a tiempo completo a escribir, pero la vida es muy cara, hay que pagarla día a día y el mundo literario se basa en una maquinaria lenta en la que muy pocos consiguen vivir de sus textos. Muchos creen que la vida del escritor es idílica, levantándose tarde, manejando importantes cantidades de dinero. ¡Nada más lejos de la realidad en la mayoría de los casos! Escribir es un trabajo arduo, que requiere un nivel de concentración tremendo en muchas ocasiones, y que requiere una cantidad ingente de horas dedicadas a la tarea de creación y documentación. Los grandes apellidos de la literatura, Follet, Grisham, King, etc… dedican todo su día a la labor de escritura. Los que no tenemos esa posibilidad, dedicamos todas las horas de las que disponemos, robándoselas al sueño, a la familia, a los amigos. En mi caso, tuve el apoyo incondicional de mi pareja que, de hecho, fue quien me animó a tomar en serio mi pasión por escribir. No es nada fácil y, sin embargo, se trata de una droga. Cuando empiezas, ya no puedes dejarla.
-A título personal, ¿qué buscas cuando inicias una historia?
-En realidad, no busco nada. Es la historia la que me encuentra a mí. En un momento dado me sorprendo diciendo: “esto puede ser una gran historia que contar”. A continuación, lo que intento es darle forma para conseguir que me emocione. Si no me emociono con la historia, será imposible que conmueva a nadie. Ese es el objetivo final de mis novelas: emocionar al lector de algún modo.
-¿Y qué esperas que encuentre el lector?
-Un escape, una historia que le hubiera gustado vivir, que le interese, que le sorprenda, con la que, quizá, pueda aprender algo. Como mínimo, que disfrute la lectura, que se entretenga. Todo texto tiene múltiples lecturas, y a cada lector le llega de modo distinto.
-Teo, me ha encantado compartir esta charla contigo. Gracias por compartir tu tiempo con los lectores de ilike magazine.
-Muchas gracias a vosotros por el interés en la novela y por el apoyo que prestáis a autores que, como yo, comenzamos este camino. Os deseo mucho éxito, y a aquellos de vuestros lectores que se animen a leer Hijos de Heracles, quisiera agradecerles la confianza y desearles un feliz rato de lectura.

domingo, 28 de marzo de 2010

Número 5 de Ilike magazine - Entrevista a Blanca Miosi

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Un saludo a todos, caminantes.

En la entrada de esta semana os anuncio que ya podéis conseguir en papel y en descarga directa el quinto número de la revista Ilike magazine, con la que sabéis ya que participo.



Este mes he entrevistado a Darío Vilas, creador de la web amiga H-Horror y autor del libro Imperfecta Simetría, con una magnífica caricatura del ilustrador Pino. También he reseñado dos novelas: El libro de Angelina, de Fernando Figueroa Saavedra, y Tengo una pistola, de Enrique Rubio.
Y, por supuesto, continua mi novela La Sombra de la Luna, con los capítulos 2 y 3, que presentan al otro personaje protagonista de la novela: Eduardo, un escritor de éxito pero completamente infeliz, y que está a punto de verse envuelto en los misterios de la ciudad de Amalgama.
La descarga de este nuevo ejemplar de la revista podéis realizarla desde el siguiente enlace, totalmente libre de virus: www.ilikemagazine.com/descargas/revista/ilikemagazine_numero5.zip

Si aún no habéis leido el anterior número (el de mi debut), podéis descargarlo en el enlace situado un poco más arriba o pulsando aquí.

Para completar esta entrada, os dejaré con la entrevista que realicé en el número 4, protagonizada por la maravillosa Blanca Miosi. Como novedad, os ofrezco la entrevista completa, con las preguntas que no tuvieron cabida en la revista por falta de espacio, y adornada por la magnífica caricatura del dibujante Pino.

Espero que la disfrutéis.

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Entrevista a Blanca Miosi

Por Javier Pellicer (Revista ilike)


Blanca Miosi nació el Lima, Perú, y actualmente reside en Caracas, Venezuela. Puedo asegurar que es una persona de trato agradable, comprometida con su trabajo e incansable hacedora de amigos. Aunque tengo el placer de conocerla gracias a su faceta de escritora, Blanca trabaja alternativamente como diseñadora de moda en su taller de alta costura.
De sus novelas prefiero que hable ella misma, pero cabe destacar que no estamos ante una primeriza, sino ante una autora consolidada, con un publico fiel (y creciente) entre el que me encuentro. Con “El pacto” inició su andadura oficial como escritora, a la que siguió “La búsqueda” y, más recientemente, “El Legado, la hija de Hitler”, novela en la que nos cuenta una versión alternativa (y ficticia) de la cara más oscura del Tercer Reich, así como una saga familiar que llegaría hasta nuestros días.
De sus libros, y muchas otras cosas, me dispongo a hablar con ella.


Javier Pellicer: —¿Y si Hitler hubiese tenido descendencia? Ese parece el planteamiento inicial de “El Legado. La hija de Hitler”. ¿De dónde surgió la idea?
Blanca Miosi: —La idea surgió cuando me hice esta pregunta:¿Qué hubiera sucedido si Hitler hubiera tenido una hija? Probablemente nada. Ella a su vez habría tenido descendencia y es posible que hoy tuviese un apellido diferente. Pero, ¿qué hubiera sucedido si la sangre de Hitler se hubiera mezclado con la de un hombre que llevaba tras de sí la promesa de que aquello jamás debería suceder? La respuesta entonces da lugar a una historia fascinante.

J.P.: —La idea de que el Tercer Reich de Hitler estuvo mezclado con asuntos esotéricos y ocultistas tiene muchos defensores. ¿Crees realmente en estas teorías?
B.M.: —La historia de Hitler y su Tercer Reich está plagada de leyendas. Pienso que se debe a que para la gente es inconcebible que durante su gobierno se hubiesen cometidos tantos actos de barbarie sin un justificativo válido. La idea de que las ciencias ocultas tuvieron mucha responsabilidad en sus decisiones resta un poco de culpa a sus seguidores, de ahí que en la posguerra haya surgido tanta literatura “hitleriana”, en la que se tocan temas tales como el estudio de su mentalidad, el esoterismo que lo rodeaba, sus aberraciones sexuales para hacerlo pasar por un desquiciado, sus manías, y un largo etcétera. Yo particularmente creo que él fue un hombre que llegó al poder en Alemania como lo hacen la mayoría de los que tienen cierta influencia sobre los demás, basándose en una oratoria que consiste en decir lo que los pueblos desean escuchar. Hoy en día existe el mismo fenómeno en muchas partes del mundo.



J.P.: —Las ansias de notoriedad de Hanussen, y lo que ello le comporta en los años posteriores, es la otra baza en los inicios de la novela. Entiendo que se trata de un personaje apasionante, como Aleister Crowley, pero del que se conoce poco sobre sus últimos años. ¿Fue complicado entretejer lo real y lo ficticio para llenar las lagunas?
B.M.: —Erik Hanussen fue un hombre definitivamente extraño. Tomando en cuenta que fue un mago de circo, y que llegó a ser tan cercano al hombre más poderoso de Alemania, puedo decir que es un personaje de novela. No solo ayudó a Hitler a obtener poder; según la historia real, tuvo las agallas de enfrentársele. Sólo por ese motivo ya merece un tratamiento especial. Aleister Crowley fue un brujo, tenía una secta, fue expulsado de Italia por Mussolini y tenía serios motivos para enfrentar el régimen fascista. Se ha dicho que Churchill hizo uso de toda clase de ayuda terrena y divina para exhortar a los ingleses a mantener su moral en alto, y que es probable que haya utilizado sus servicios. Un personaje que jugaba a la perfección con la época en la que transcurre la novela.

J.P.: —Adolf Hitler es sin duda el personaje “gancho” de “El Legado”. Nos muestras una cara inédita (no sabemos si real) del dictador más odiado de todos los tiempos, un lado tierno, humano. Háblame un poco de eso.
B.M.: —Sabes que estaba un poco hastiada de ver la figura de Hitler estereotipada. Tú al igual que yo, sabemos que en el cine que se ha hecho de él más parece el alter ego de Charlie Chaplin, que el dictador con mucho poder que fue. Lo imaginé desde un punto de vista diferente, un hombre con ansias de poder, cómo no, pero también un ser humano con defectos, como cualquier otro, sin embargo, inteligente, bastante más culto de lo que la mayoría cree, susceptible de enamorarse, y de llegar al sacrificio por Alemania.

J.P.: —Creo que te lo comenté en una ocasión. Me fascina la descripción que haces del ocultismo. Hablas de que el poder verdadero reside en los secretos: los propios, que debemos esconder, y los ajenos, que hay que descubrir. ¿Crees que se puede aplicar al mundo real?
B.M.: —La palabra ocultismo lo dice todo. En realidad, pienso que cuanto menos sepan tus planes, puedes manejarte mejor. Hablo de tus planes reales, no de la propaganda, o la publicidad. El mundo sólo debe saber lo que tú deseas o te convenga que sepan de ti. Por otro lado, ¿no te has fijado que las religiones basan su poder en los misterios? El hombre tiene tendencia a venerar lo desconocido. La religión católica fue más lejos: si quieres ser bendecido, debes primero confesarte. ¿De cuántos valiosos secretos pudo ser y es depositaria la Iglesia?

J.P.: —El tratamiento de los personajes en “El Legado” merece un comentario. Profundizas mucho en sus personalidades y, sobre todo, los humanizas hasta hacerlos cercanos, a pesar de los extraordinarios acontecimientos. ¿Hay alguno con el que te sientas más identificada?
B.M.: —Precisamente identificada, no, pero Justine Bogdanovich merece un tratamiento especial. No es el prototipo de mujer hermosa que abunda en las novelas, es una mujer de más de cuarenta años, pasada de peso, cuyo encanto reside en su inteligencia, su lealtad, y especialmente en que a ella no le interesaba ni la riqueza ni el poder. Por lo tanto es una mujer sin precio. Sus cualidades no están a la vista, son las que quisiéramos tener pero no nos atrevemos.

J.P.: —La historia cuenta con momentos muy emotivos. ¿Los abordas dejándote llevar por la emoción, o prefieres mostrarte lejana?
B.M.: —No podría escribir sin derramar lágrimas en algunos momentos, o de reír, e inclusive de sentir indignación.

J.P.: —Aunque tu primera obra, “El pacto”, fue una historia con tintes muy intimistas (casi filosóficos), las dos siguientes las has dedicado a la Segunda Guerra Mundial, ya sea totalmente o en parte. Imagino que eso tendrá mucho que ver con el hecho de que estás casada con un superviviente de aquel conflicto.
B.M.: —Estás en lo cierto. “La búsqueda” está basada en la vida de mi esposo, aunque hay ciertas partes —me refiero muchos años después de la posguerra, allá por los años setenta—, que fueron cambiadas, porque no quería incluirme en la novela.

J.P.: —En esta parte de la entrevista es cuando comienzo a meterme en tu vida personal. Ríñeme si me paso de la raya. ¿Cómo conociste a tu marido? Mucha gente no comprenderá que estés casada con alguien mucho mayor que tú.
B.M.: —Lo conocí en Lima, Perú, hace ya muchos años, una amiga me lo presentó, y me fascinó desde que lo vi al piano, entregado a la música. Él tenía cuarenta y cinco y yo veintitrés. Creo que congeniamos porque Henry siempre ha tenido un espíritu muy juvenil, y yo, en cambio, era bastante madura.

J.P.: —Tengo entendido que tu marido estaba tan encandilado con tu forma de escribir que te obsequió con la co-edición de tu primer libro publicado.
B.M.: —Ja, ja, ¡Henry siempre va a estar encandilado con lo que yo haga! Él pensaba que era la mejor escritora del mundo, leyó “El pacto” como diez veces y dijo que merecía que todo el mundo se enterase de que yo era escritora.

J.P.: —Tu madre fue muy importante en tu decisión de ser escritora. Cuéntame un poco la historia de la autobiografía.
B.M.: —Veo que sabes algunas cosas de las que no suelo hablar... La última vez que vi a mamá fue durante una visita que hizo a Venezuela. Dijo que estaba escribiendo su autobiografía. Conversábamos en la terraza, recuerdo, ya en el atardecer, y le pedí que me contase su vida a partir de los nueve años. No sabría decir por qué elegí esa época. Me enteré de cosas increíbles, hasta llegar al tiempo en que yo ya podía recordar. Un año después ella falleció en Perú. Viajé para mi última despedida, y traje la autobiografía inconclusa, se había quedado en la parte cuando cumplía nueve años. De eso ya hace diez. Empecé a escribir un año después de su muerte, cuando tuve el valor de leer su obra y admirar su prosa.

J.P.: —¿No te apetecería concluir esa autobiografía y publicarla?
B.M.: —Lo he pensado, sí, y tal vez algún día lo haga.

J.P.: —¿A qué escritor te gustaría conocer personalmente?
B.M.: —Creo que sería fascinante conversar con Mario Vargas Llosa.

J.P.: —Blanca Miosi y su mundo (http://blancamiosiysumundo.blogspot.com) es el nombre de tu blog en internet. Cuéntale a los lectores de ilike qué se pueden encontrar en tu rincón personal.
B.M.: —En mi blog escribo artículos relacionados con el mundo de la literatura, desde entrevistas que hice a otros escritores, como Vázquez-Figueroa, Rosa Montero, José Manuel García Marín, o Arlette Geneve, pasando por comentarios de libros que he leído, y por supuesto, algunos de los cuentos que de vez en cuando escribo. También hablo del mundo virtual, de los foros literarios, los temas son variados.

J.P.: —¿Ya sabes cuál va a ser tu próximo proyecto? ¡Danos una primicia!
B.M.: —Mi próxima novela ya está en manos de mi agente, Antonia Kerrigan: Dimitri Galunov. El protagonista es un niño que escucha una voz que es la que dirige su vida. Lo acusan de quemar a su familia y lo encierran en un manicomio. Así empieza la historia.



J.P.: —Siempre se ha dicho que en el mundo literario existe mucho egoísmo y no menos envidia. Sin embargo, puedo dar fe de que tú no muestras reservas a la hora de aconsejar y apoyar a quienes aún no han alcanzado su objetivo de publicar. ¿Qué consejo le darías a los escritores que empiezan a plantearse la aventura de publicar?
B.M.: —Les diría que tomen la escritura con pasión. No existen términos medios cuando se escribe. Los que piensan que es fácil están equivocados, escribir requiere práctica diaria, lectura constante, y responsabilidad por lo que se cuenta. Pero sobre todo: corregir, corregir y corregir. Sólo si se hace un trabajo a conciencia se puede empezar a pensar en la publicación.

J.P.: —Cuéntanos qué se siente al ver una de tus novelas publicada.
B.M.: —Mucha satisfacción, es como ver el resultado de mucho esfuerzo finalmente hecho realidad. Me emociona saber que habrá personas leyendo lo que he escrito.

J.P.: —La mayoría de escritores descubren su vocación a muy temprana edad. ¿Ha sido éste tu caso?
B.M.: —No. Yo me considero una buena lectora, casi compulsiva, pero nunca me imaginé que podría escribir una novela. Mi decisión fue tardía, pero tal vez tenía que ser así.

J.P.: —He dejado para el final la pregunta del millón: ¿El escritor nace, o se hace?
B.M.: —Creo que el escritor nace. La técnica se aprende.

J.P.: —Blanca Miosi, me ha encantado charlar contigo. Muchas gracias.
B.M.: —Y para mí ha sido un placer responder a tus preguntas, Javier. Quiero saludar a los lectores de esta naciente revista, y agradecerles por haber prestado atención a la entrevista, para mí es un privilegio estar entre tanto talento artístico, y a ti, Javier, muchísimas gracias por la oportunidad.

domingo, 3 de enero de 2010

Entrevista a Víctor Morata para comenzar el año bien

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Quizás un poco tardiamente, os deseo que hayáis tenido una buena entrada en el año nuevo. Por supuesto, Tierra de Bardos no cierra por vacaciones, así que la primera entrada para este 2010 estará dedicada a la entrevista que tuve el enorme placer de realizar a un muy buen amigo de letras, Víctor Morata, para el séptimo número del Boletín del Café del Autor. La entrevista podéis disfrutarla tanto en la página del Café del Autor como en el blog de Víctor, Mente Creativa. Pero como extra, os dejaré la posibilidad de que descarguéis el PDF (sin virus ni nada), que no tiene desperdicio. El trabajo de maquetación del editor, Francisco Brotons, es para quitarse el sombrero. Os asombrará.



En cuanto a la entrevista en sí, quizás os llevéis una sorpresa, porque no es una entrevista común. Más bien se trata de un relato. Sí, como lo oís, he querido fusionar dos géneros tan aparentemente dispares como la entrevista y el relato. Agradezco desde aquí que Víctor se prestara a este maravilloso juego. Así que espero vuestra opinión. Como decía, os recomiendo que descarguéis la entrevista en archivo PDF desde el siguiente enlace:

Boletín 7 - Entrevista a Víctor Morata

Y para que veáis que no os miento, en este visor podréis ver el resultado final del boletín. ¿No es una gozada? (Dadle al botón "full" y lo veréis a pantalla completa)



Un abrazo a todos, y feliz 2010

Narración radiofónica de mi relato "Como hadas guerreras"