TIERRA DE BARDOS, CIERRA.
Pero yo no desaparezco. A partir de ahora podrás encontrarme en mi WEB OFICIAL DE AUTOR pinchando en la imagen inferior. Allí os ofreceré más artículos, noticias, reseñas y todo el contenido habitual en este blog.
¡Muchas gracias a todos por estos años juntos! Os espero en mi nuevo rincón:

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Alcander, de Luisa Fernández

Ya está aquí... Legados

domingo, 25 de abril de 2010

41 FERIA DEL LIBRO DE VALENCIA - Presentación de "El heredero de Tartessos"

                    

Saludos, amig@s.

Hoy me gustaría hablaros de la 41 edición de la Feria del Libro de Valencia, organizada por el Gremi de Llibrers de València, que se está llevando a cabo desde el pasado día 20 y que concluirá el 2 de mayo (el domingo que viene). Durante estas jornadas se expondrán las obras en las casetas habilitadas en el paseo Antonio Machado de los Jardines de Viveros (un emplazamiento precioso, os lo aseguro), donde se realiza la feria, así como se realizarán actividades de diversa índole: exposiciones, espectáculos infantiles (contacuentos), talleres, lecturas y presentaciones.



Mi interés se centra especialmente en un acto al que tengo pensado asistir, la presentación de la tercera edición de la novela "El heredero de Tartessos", de Arturo Gonzalo Aizpiri, de la que ya os hablé hace unas semanas.



La presentación, para los que puedan y quieran acercarse, tendrá lugar en el Espacio de Actividades 1 de los Jardines de Viveros, a las 11 de la mañana del domingo 2 de mayo. Yo estaré por allí, para conocer personalmente a este gran escritor y magnífica persona, con el que tengo una cuenta pendiente por su ayuda reciente. Si alguno de vosotros, que asiduamente leéis este blog, se anima a asistir, buscadme por allí y nos haremos unas cañas o unos cafés, y unas fotos para colgar en el blog.
¡Nos vemos en Valencia!

sábado, 17 de abril de 2010

Instinto de supervivencia - relato

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Saludos una semana más, amigos visitantes.
Hace un tiempo que no publico ningún relato. Con tantos frentes abiertos (el trabajo para la revista, la nueva novela, otros relatos para proyectos de futuro...) mi creación de textos cortos se ha resentido un poco: el tiempo es escaso, y la inspiración está permanentemente dirigida hacia esos otros frentes abiertos, la mayoría de larga duración y casi total dedicación. Y aunque tengo montones de ideas en la cabeza, no veo el modo ni el momento de ponerlas en claro sobre la pantalla del ordenador.
Hoy os ofreceré uno de los últimos relatos que he escrito, y que recientemente ha sido publicado en "La Lluna en un Cove", una antología mensual de gran calidad orientada a la literatura en catalán/valenciano (que cada cual elija la definición correcta, no entro en valoraciones políticas que aborrezco), de la que ya hablé hace unos meses en este blog. Algunos de vosotros me comentasteis que sentíais no poder acceder al relato, ya que no conocíais la lengua catalano-valenciana. Así que os dejo aquí la versión en castellano de este relato de ciencia-ficción. Espero que os guste.

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INSTINTO DE SUPERVIVENCIA
JAVIER PELLICER


El apretón de manos con el director Ugarte no fue tan firme como Alfredo hubiese deseado, pero ese era el motivo por el cual había ido a Sistemas de Mejora de Vida.
—Bienvenido, señor Figueres. Espero que haya tenido un viaje agradable —le dijo el directivo al anciano.
—Lo habría sido sin estos malditos achaques.
—Eso cambiará pronto. Para eso ha venido, ¿no?
Alfredo asintió con desgana. El carácter amigable de Ugarte le exasperaba, su falsedad se percibía en la distancia. No había recorrido medio país para intercambiar obviedades con un estirado ejecutivo encargado de la atención a los clientes de su empresa.
Había ido a aquel lugar en busca de la vida eterna.
Alfredo tenía ciento veinticinco años, una edad más que respetable incluso entre la actual longevidad del ser humano. En el 2109, la esperanza de vida del hombre se había situado en los ciento veinte años. Las terapias genéticas de prevención, el exhaustivo control alimenticio y las severas normas medioambientales habían llevado a una mejora fulgurante en la calidad de vida de la sociedad. La raza humana había logrado erradicar demonios antiguos como la contaminación, las enfermedades hereditarias e incluso la superpoblación, gracias a las colonias establecidas en el Sistema Solar. Eran tiempos de gloria para la Tierra.
Pero existía una última lacra incapaz de ser suprimida: la muerte. La Fuente de la Eterna Juventud no existía, no había remedio para la degradación del cuerpo, aunque se había logrado contener el retroceso mental propio de las edades avanzadas. Este último adelanto había resultado ser una espada de doble filo, ya que los hombres llegaban a sus últimos días con plena conciencia de su inminente fallecimiento.
Hasta que Sistemas de Mejora de Vida, SMV, una multinacional de investigación biomecánica, había encontrado una solución parcial. Pero como toda empresa privada, SMV demandaba beneficios. Había cosas que no cambiaban. Por fortuna, de los quince mil millones de humanos repartidos por el Sistema Terrano —como se conocía al conjunto de la civilización terrestre—, sólo el diez por ciento vivían por debajo del umbral de la pobreza.
Ugarte condujo a Alfredo a las dependencias inferiores del complejo. Descendieron en el ascensor de gravedad reducida, capaz de alcanzar velocidades extraordinarias sin que sus pasajeros advirtieran el movimiento. Llegaron a la planta de transferencias, dividida en docenas de laboratorios. A Alfredo le habían designado el 7-R. En su interior, vio a un par de mujeres asistentes y a un operario. Todo estaba a punto.
Dirigió su mirada a las dos camas verticales en el centro de la sala. Una estaba vacía, él iba a ser su ocupante; la otra contenía un cuerpo cuya apariencia le hizo estremecerse.
Fue como verse en una vieja vídeo fotografía. Aquel cuerpo era de aspecto idéntico a cómo lo había sido él durante su juventud. Sencillamente no encontró fallo alguno.
—¿Qué le parece? —le preguntó Ugarte.
—Entiendo que su tarifa sea tan alta. Es como si estuviera viéndome a mí mismo —carraspeó el anciano.
—Como usted nos pidió, hemos recreado un síntec con la fisonomía que usted presentaba con treinta años.
Los síntec eran la clave para la tan deseada vida eterna. Aunque parecían humanos, no lo eran. A Alfredo le contaron que eran versiones sintéticas de seres humanos, réplicas perfectas del organismo de un individuo realizadas con materiales de nueva generación, resistentes al paso de los años. No estaban vivos pero, y ese era el quid de la cuestión, podían albergar vida.
El descubrimiento de la existencia del alma humana por parte del Premio Nobel Chandra Shastri significó un cambio radical para la sociedad en materia de teología y otros aspectos filosofales. Pero sus aplicaciones prácticas tardaron dos décadas en aparecer. Fueron los investigadores afiliados a SMV quienes descubrieron que el alma, como cualquier otra energía, podía trasladarse de un «contenedor» original a otro —extremo que durante siglos habían defendido los creyentes en la reencarnación—. Y entonces aparecieron en escena los síntec, los contenedores perfectos. No envejecían, no se deterioraban por causas naturales, y simulaban las funciones originales del organismo humano, como el procesamiento de alimentos, entre otros. Eran eternos.
—Le explicaré de nuevo el proceso, aunque ya lo hicimos antes de la firma del contrato —dijo Ugarte—. Durante el proceso que llamamos Transferencia, su psique esencial, o alma como vulgarmente se llama, será enviada al síntec que hemos preparado expresamente para usted. La Transferencia durará diez minutos, aunque el cambio de cuerpo propiamente dicho tendrá efecto en un tiempo no superior a los cinco segundos.
—Dice usted que no habrá diferencia alguna con un cuerpo de carne y hueso, ¿verdad? —quiso saber Alfredo.
—Así es. Su psique esencial no advertirá nada extraño. No existe posibilidad de rechazo ya que en lo que sería el cerebelo del síntec hemos implantado un emisor. En el momento de la Transferencia comenzará a producir una señal codificada en base a su código de ADN. Esto engaña a la psique esencial, que cree en todo momento que sigue en su cuerpo.
Alfredo volvió a asentir. Conocía a la perfección todos los detalles, pero era un hombre meticuloso que no quería dejar nada al azar. Cuando escuchó hablar por primera vez de la Transferencia no lo tomó en serio. Por aquel entonces aún era relativamente joven, la idea de la muerte era algo muy lejano en el tiempo, inalcanzable en apariencia. Pero los últimos cinco años habían sido una constante tortura. Su organismo se agotaba, podía percibirlo en los ahogos, en la debilidad de sus huesos a pesar de los reconstituyentes, en el agarrotamiento de sus músculos a pesar de las sesiones de masajes eléctricos. Nada era suficiente para apartar la certeza de que su cuerpo estaba apagándose.
Cuando los médicos le dijeron que no le quedaba más de medio año de vida, la picadura del miedo hizo mella en Alfredo. No quería marcharse de este mundo, aún no estaba cansado de la vida. Pensó que, con un cuerpo joven y fuerte, aún podría hacer muchas cosas: volvería a tomar las riendas de su negocio, ahora en manos de sus hijos; podría enamorarse de nuevo, vivir con plenitud una vez más...
Así fue cómo contactó con SMV y firmó un contrato de Transferencia. Le había costado la mitad de los ahorros de toda su vida, pero creyó que era un escaso precio para burlar a la muerte.
Las dos asistentes desvistieron a Alfredo y le pusieron una bata blanca, como la que vestía el síntec. Lo acomodaron en la camilla vacía, frente al hombre sintético. La sala quedó vacía, Ugarte observaba desde una habitación contigua, las asistentes y el operario desde una cabina aislada en la misma sala.
—Relájese, señor Figueres —le dijo el operario a través de un intercomunicador.
Era fácil decirlo, pero Alfredo no fue capaz de apartar los nervios. Tenía la sensación de que iba a desprenderse de algo muy valioso. Aunque estuviera caduco y decrépito, aquel era su cuerpo. No había conocido otro.
Un casco unido a unos cables bajó desde el techo y se asentó en la cabeza del anciano. Otro igual se acopló en el síntec. Alfredo tembló ante el contacto del metal, o tal vez fuera efecto del miedo. El zumbido se intensificó, sintió una leve carga energética vibrando en su interior. Su alma estaba comenzando a reaccionar. Comenzó a respirar entrecortadamente. Si no hubiera estado atado, habría saltado de la camilla. El instinto de supervivencia estaba luchando contra lo que creía un ataque.
De pronto, sintió una terrible convulsión, como si le desgarraran del espacio y el tiempo. Percibió que sólo era conciencia, y que estaba viajando a través de algo parecido a un túnel, hacia un nuevo destino. No cabía la resistencia, la fuerza que lo impulsaba era irresistible. Fue como viajar a través de una montaña rusa: velocidad, curvas tomadas a un ritmo endiablado, vaivenes, subidas y bajadas…



Aunque el alma de Alfredo lo vivió muy conscientemente, el proceso de Transferencia fue casi instantáneo. La psique esencial del anciano llegó entonces a un nuevo contenedor, donde encontró una sorpresa inesperada.
Algo bloqueaba su paso. Una barrera evitaba que la descarga de su alma en el cuerpo sintético fuera efectiva. Un muro… una presencia. Alfredo creyó desfallecer. Un asco inundó la forma incorpórea que era en esos instantes. No puede ser, ¡esto no estaba previsto!, se dijo.
El hombre sintético ya tenía alojada una psique esencial.
El síntec tenía alma.
Miedo, confusión, angustia… Alfredo sintió una amalgama de emociones que a punto estuvo de estropear la Transferencia. Pero el instinto de supervivencia, el mismo que había luchado por evitar el desmembramiento entre mente y cuerpo, se impuso a la moral. Ahora había dos almas luchando por un mismo contenedor. El perdedor debería conformarse con un cuerpo marchito, y afrontar la muerte.
Fue una lucha de voluntades, donde venció la experiencia de Alfredo. El alma del síntec era joven, aún no había sido endurecida por los varapalos de una vida longeva. Además, justo en ese momento el emisor del síntec comenzó a radiar la señal con su código genético, haciendo sentir al antiguo propietario que aquel ya no era su hogar.
Antes de tomar posesión de su nuevo cuerpo, Alfredo sintió cómo el alma del síntec se alojaba en su antiguo contenedor. Por su parte, se encarnó en el hombre sintético llevado por un sentimiento de lástima.

Alfredo abrió los ojos unos minutos después, tras la monitorización del operario. Se sentía fuerte, joven, vital. Pero lo que había vivido durante la Transferencia impedía que se sintiera cómodo.
Cuando las asistentes soltaron las ataduras, saltó hacia el encargado y lo tomó por el cuello, con la rabia marcada a cincel en su nuevo rostro. Un par de hombres de seguridad entraron en la sala junto a Ugarte. Redujeron a Alfredo, no sin apuros.
—¡Cálmese, señor Figueres! —dijo Ugarte— Es un ataque de ansiedad, algo común.
—¡Maldito hijo de puta! —gritó Alfredo— ¡Usted lo sabía, estoy seguro!
La expresión de Ugarte no transmitía, efectivamente, sorpresa alguna.
—¡Usted me dijo que ese cuerpo no estaba vivo! Pero yo sentí su alma, la misma que ahora está aprisionada en mi antiguo cuerpo.
—Tranquilícese y lo hablaremos —insistió el directivo—. Entiendo que esto le resulte odioso, incluso inhumano. Dios sabe que hemos tratado de evitarlo, pero ha resultado imposible. Cuando el método de Transferencia fue descubierto, surgió la inevitable pregunta de cómo podía llevarse a la práctica. Al principio, pensamos en utilizar clones vivos de los pacientes, pero la Comisión Ética Mundial lo prohibió. Como sabe, los clones son seres humanos y contienen un alma como cualquiera. Asesinar a un individuo, aunque éste hubiese sido creado ex profeso para un fin, iba en contra de todas las leyes éticas.
»Y entonces creamos el primer síntec. Su naturaleza totalmente artificial nos hizo creer que estábamos ante una evolución de los robots. Nunca imaginamos que contendrían un alma propia, y no lo descubrimos hasta que realizamos la primera Transferencia.
—Y decidieron mantenerlo en secreto —sentenció Alfredo—. Valientes bastardos.
—No nos juzgue tan severamente, señor Figueres. Si esto se supiera, imagínese el impacto social, por no hablar de las consecuencias laborales de los muchos empleados de nuestras plantas de producción de síntecs. Cada uno de estos seres artificiales da empleo a más de quinientas personas durante un año. La industria relacionada directa o indirectamente con los procesos de Transferencia mantiene a centenares de miles de familias.
—Y supongo que todo eso, y los millones que gana su empresa, vale más que unos cuantos asesinos.
—Si no está de acuerdo, señor Figueres, sólo tiene que someterse al proceso inverso a la Transferencia. Puede volver a su antiguo cuerpo.
—¿Y me permitirían algo así, sabiendo que luego los demandaría?
—Está en su contrato. Sin embargo, ambos sabemos que no va a hacerlo —dijo Ugarte, con una media sonrisa desdeñosa.
—¿Quiere probarme?
—Vamos, señor Figueres, no me tome por ingenuo. Además del enlace de clientes de SMV, soy psicólogo. Pero no hace falta serlo para ver que, como el resto de clientes de esta empresa, usted ha llegado aquí desesperado por burlar a la muerte. ¿Puede mirarme a los ojos y decirme sin pestañear que está dispuesto a arriesgar la juventud eterna por el alma de un desconocido?
—Lo… lo haré… —dijo con poca convicción.
—No, no lo hará, como no lo han hecho los clientes que le han precedido. ¿Y sabe por qué? Porque el hombre, antes que cualquier otra cosa, busca sobrevivir. A cualquier precio.
Alfredo se negó a reconocerlo. Pero al mirarse las manos, tan jóvenes y firmes, tan perfectas, supo que Ugarte tenía razón. No podía renunciar a la nueva vida que había encontrado.
—Sabia elección —concluyó el directivo.
El nuevo Alfredo se marchó sin mirar su antiguo cuerpo, donde yacía un alma inocente que pronto expiraría. Un alma por otra. Alfredo se instó a cuidar con esmero su cuerpo sintético. Si fallaba, si moría, ya sabía a qué lugar iría su alma.
El Infierno estaría esperándole durante toda la eternidad.

domingo, 11 de abril de 2010

Noticias - La guerra por el norte y H-Horror

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Tras unas breves vacaciones, que he utilizado para desconectar un poco y concluir el primer borrador de mi nueva novela, retorno con ganas al blog con un compendio de noticias muy interesantes.

En primer lugar, me encanta anunciaros el debut de un nuevo autor español (y valenciano, para orgullo de quien esto escribe): Guillem López. Su novela debut, "La Guerra por el Norte", aparecerá en las librerías en mayo. El autor, al que tengo el inmenso placer de conocer gracias a su blog, se inicia en la literatura profesional gracias a la primera parte de una obra magna, la saga "Leyenda de una era", que promete aportar mucho y bueno al género de la literatura fantástica épica. Ojo con este autor y su novela, porque promete convertirse en una obra importante dentro de la fantasía española. Como anticipo, os puedo adelantar la (magnífica)portada del libro.



¡Buena suerte, Guillem!

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También me gustaría comentar las noticias llegadas desde la web amiga H-Horror (Horror Hispano), con la que tengo el placer de colaborar en ocasiones.



Ya se ha abierto la convocatoria para la próxima antología de relatos, un original monográfico en el que se fusionarán los grandes clásicos de la literatura con las historias de zombis. La idea es que los autores "zombifiquen" los clásicos o incluso sus propios relatos. ¿Original? Las bases de la convocatoria están en la web.

En paralelo, ya está disponible el trabajo "Desaparezcamos", un librillo de relatos en formato revista dedicado al disco "Desaparezca aquí" del cantante Nacho Vegas, en descarga gratuita o a la venta en papel a través de la página gemela de H-Horror, Asociación Doble Hache.

Y cabe dar la enhorabuena a la página de terror, que el próximo 14 de abril cumple su primer aniversario. Para celebrarlo se ha convocado un concurso con diversos premios, consistente en un test y una pequeña biografía en clave terrorífica de los autores que quieran participar. Las bases en la página web.

Para los próximos meses está prevista la salida de un libro-disco en el que varios escritores trabajan codo con codo con un grupo de compositores musicales, creando un proyecto que fusiona literatura y música. Sin olvidar la salida de la primera novela de Gervasio López, "Los crímenes de Avignon", publicada por la Asociación Doble Hache.

Y, para el futuro, un proyecto muy ambicioso que dará mucho que hablar, pero del que no puedo aún desvelar nada.

Como veis, el amigo Darío Vilas no para ni un minuto.

Por esta semana, es todo. Saludos y abrazos para todos, visitantes.

domingo, 28 de marzo de 2010

Número 5 de Ilike magazine - Entrevista a Blanca Miosi

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Un saludo a todos, caminantes.

En la entrada de esta semana os anuncio que ya podéis conseguir en papel y en descarga directa el quinto número de la revista Ilike magazine, con la que sabéis ya que participo.



Este mes he entrevistado a Darío Vilas, creador de la web amiga H-Horror y autor del libro Imperfecta Simetría, con una magnífica caricatura del ilustrador Pino. También he reseñado dos novelas: El libro de Angelina, de Fernando Figueroa Saavedra, y Tengo una pistola, de Enrique Rubio.
Y, por supuesto, continua mi novela La Sombra de la Luna, con los capítulos 2 y 3, que presentan al otro personaje protagonista de la novela: Eduardo, un escritor de éxito pero completamente infeliz, y que está a punto de verse envuelto en los misterios de la ciudad de Amalgama.
La descarga de este nuevo ejemplar de la revista podéis realizarla desde el siguiente enlace, totalmente libre de virus: www.ilikemagazine.com/descargas/revista/ilikemagazine_numero5.zip

Si aún no habéis leido el anterior número (el de mi debut), podéis descargarlo en el enlace situado un poco más arriba o pulsando aquí.

Para completar esta entrada, os dejaré con la entrevista que realicé en el número 4, protagonizada por la maravillosa Blanca Miosi. Como novedad, os ofrezco la entrevista completa, con las preguntas que no tuvieron cabida en la revista por falta de espacio, y adornada por la magnífica caricatura del dibujante Pino.

Espero que la disfrutéis.

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Entrevista a Blanca Miosi

Por Javier Pellicer (Revista ilike)


Blanca Miosi nació el Lima, Perú, y actualmente reside en Caracas, Venezuela. Puedo asegurar que es una persona de trato agradable, comprometida con su trabajo e incansable hacedora de amigos. Aunque tengo el placer de conocerla gracias a su faceta de escritora, Blanca trabaja alternativamente como diseñadora de moda en su taller de alta costura.
De sus novelas prefiero que hable ella misma, pero cabe destacar que no estamos ante una primeriza, sino ante una autora consolidada, con un publico fiel (y creciente) entre el que me encuentro. Con “El pacto” inició su andadura oficial como escritora, a la que siguió “La búsqueda” y, más recientemente, “El Legado, la hija de Hitler”, novela en la que nos cuenta una versión alternativa (y ficticia) de la cara más oscura del Tercer Reich, así como una saga familiar que llegaría hasta nuestros días.
De sus libros, y muchas otras cosas, me dispongo a hablar con ella.


Javier Pellicer: —¿Y si Hitler hubiese tenido descendencia? Ese parece el planteamiento inicial de “El Legado. La hija de Hitler”. ¿De dónde surgió la idea?
Blanca Miosi: —La idea surgió cuando me hice esta pregunta:¿Qué hubiera sucedido si Hitler hubiera tenido una hija? Probablemente nada. Ella a su vez habría tenido descendencia y es posible que hoy tuviese un apellido diferente. Pero, ¿qué hubiera sucedido si la sangre de Hitler se hubiera mezclado con la de un hombre que llevaba tras de sí la promesa de que aquello jamás debería suceder? La respuesta entonces da lugar a una historia fascinante.

J.P.: —La idea de que el Tercer Reich de Hitler estuvo mezclado con asuntos esotéricos y ocultistas tiene muchos defensores. ¿Crees realmente en estas teorías?
B.M.: —La historia de Hitler y su Tercer Reich está plagada de leyendas. Pienso que se debe a que para la gente es inconcebible que durante su gobierno se hubiesen cometidos tantos actos de barbarie sin un justificativo válido. La idea de que las ciencias ocultas tuvieron mucha responsabilidad en sus decisiones resta un poco de culpa a sus seguidores, de ahí que en la posguerra haya surgido tanta literatura “hitleriana”, en la que se tocan temas tales como el estudio de su mentalidad, el esoterismo que lo rodeaba, sus aberraciones sexuales para hacerlo pasar por un desquiciado, sus manías, y un largo etcétera. Yo particularmente creo que él fue un hombre que llegó al poder en Alemania como lo hacen la mayoría de los que tienen cierta influencia sobre los demás, basándose en una oratoria que consiste en decir lo que los pueblos desean escuchar. Hoy en día existe el mismo fenómeno en muchas partes del mundo.



J.P.: —Las ansias de notoriedad de Hanussen, y lo que ello le comporta en los años posteriores, es la otra baza en los inicios de la novela. Entiendo que se trata de un personaje apasionante, como Aleister Crowley, pero del que se conoce poco sobre sus últimos años. ¿Fue complicado entretejer lo real y lo ficticio para llenar las lagunas?
B.M.: —Erik Hanussen fue un hombre definitivamente extraño. Tomando en cuenta que fue un mago de circo, y que llegó a ser tan cercano al hombre más poderoso de Alemania, puedo decir que es un personaje de novela. No solo ayudó a Hitler a obtener poder; según la historia real, tuvo las agallas de enfrentársele. Sólo por ese motivo ya merece un tratamiento especial. Aleister Crowley fue un brujo, tenía una secta, fue expulsado de Italia por Mussolini y tenía serios motivos para enfrentar el régimen fascista. Se ha dicho que Churchill hizo uso de toda clase de ayuda terrena y divina para exhortar a los ingleses a mantener su moral en alto, y que es probable que haya utilizado sus servicios. Un personaje que jugaba a la perfección con la época en la que transcurre la novela.

J.P.: —Adolf Hitler es sin duda el personaje “gancho” de “El Legado”. Nos muestras una cara inédita (no sabemos si real) del dictador más odiado de todos los tiempos, un lado tierno, humano. Háblame un poco de eso.
B.M.: —Sabes que estaba un poco hastiada de ver la figura de Hitler estereotipada. Tú al igual que yo, sabemos que en el cine que se ha hecho de él más parece el alter ego de Charlie Chaplin, que el dictador con mucho poder que fue. Lo imaginé desde un punto de vista diferente, un hombre con ansias de poder, cómo no, pero también un ser humano con defectos, como cualquier otro, sin embargo, inteligente, bastante más culto de lo que la mayoría cree, susceptible de enamorarse, y de llegar al sacrificio por Alemania.

J.P.: —Creo que te lo comenté en una ocasión. Me fascina la descripción que haces del ocultismo. Hablas de que el poder verdadero reside en los secretos: los propios, que debemos esconder, y los ajenos, que hay que descubrir. ¿Crees que se puede aplicar al mundo real?
B.M.: —La palabra ocultismo lo dice todo. En realidad, pienso que cuanto menos sepan tus planes, puedes manejarte mejor. Hablo de tus planes reales, no de la propaganda, o la publicidad. El mundo sólo debe saber lo que tú deseas o te convenga que sepan de ti. Por otro lado, ¿no te has fijado que las religiones basan su poder en los misterios? El hombre tiene tendencia a venerar lo desconocido. La religión católica fue más lejos: si quieres ser bendecido, debes primero confesarte. ¿De cuántos valiosos secretos pudo ser y es depositaria la Iglesia?

J.P.: —El tratamiento de los personajes en “El Legado” merece un comentario. Profundizas mucho en sus personalidades y, sobre todo, los humanizas hasta hacerlos cercanos, a pesar de los extraordinarios acontecimientos. ¿Hay alguno con el que te sientas más identificada?
B.M.: —Precisamente identificada, no, pero Justine Bogdanovich merece un tratamiento especial. No es el prototipo de mujer hermosa que abunda en las novelas, es una mujer de más de cuarenta años, pasada de peso, cuyo encanto reside en su inteligencia, su lealtad, y especialmente en que a ella no le interesaba ni la riqueza ni el poder. Por lo tanto es una mujer sin precio. Sus cualidades no están a la vista, son las que quisiéramos tener pero no nos atrevemos.

J.P.: —La historia cuenta con momentos muy emotivos. ¿Los abordas dejándote llevar por la emoción, o prefieres mostrarte lejana?
B.M.: —No podría escribir sin derramar lágrimas en algunos momentos, o de reír, e inclusive de sentir indignación.

J.P.: —Aunque tu primera obra, “El pacto”, fue una historia con tintes muy intimistas (casi filosóficos), las dos siguientes las has dedicado a la Segunda Guerra Mundial, ya sea totalmente o en parte. Imagino que eso tendrá mucho que ver con el hecho de que estás casada con un superviviente de aquel conflicto.
B.M.: —Estás en lo cierto. “La búsqueda” está basada en la vida de mi esposo, aunque hay ciertas partes —me refiero muchos años después de la posguerra, allá por los años setenta—, que fueron cambiadas, porque no quería incluirme en la novela.

J.P.: —En esta parte de la entrevista es cuando comienzo a meterme en tu vida personal. Ríñeme si me paso de la raya. ¿Cómo conociste a tu marido? Mucha gente no comprenderá que estés casada con alguien mucho mayor que tú.
B.M.: —Lo conocí en Lima, Perú, hace ya muchos años, una amiga me lo presentó, y me fascinó desde que lo vi al piano, entregado a la música. Él tenía cuarenta y cinco y yo veintitrés. Creo que congeniamos porque Henry siempre ha tenido un espíritu muy juvenil, y yo, en cambio, era bastante madura.

J.P.: —Tengo entendido que tu marido estaba tan encandilado con tu forma de escribir que te obsequió con la co-edición de tu primer libro publicado.
B.M.: —Ja, ja, ¡Henry siempre va a estar encandilado con lo que yo haga! Él pensaba que era la mejor escritora del mundo, leyó “El pacto” como diez veces y dijo que merecía que todo el mundo se enterase de que yo era escritora.

J.P.: —Tu madre fue muy importante en tu decisión de ser escritora. Cuéntame un poco la historia de la autobiografía.
B.M.: —Veo que sabes algunas cosas de las que no suelo hablar... La última vez que vi a mamá fue durante una visita que hizo a Venezuela. Dijo que estaba escribiendo su autobiografía. Conversábamos en la terraza, recuerdo, ya en el atardecer, y le pedí que me contase su vida a partir de los nueve años. No sabría decir por qué elegí esa época. Me enteré de cosas increíbles, hasta llegar al tiempo en que yo ya podía recordar. Un año después ella falleció en Perú. Viajé para mi última despedida, y traje la autobiografía inconclusa, se había quedado en la parte cuando cumplía nueve años. De eso ya hace diez. Empecé a escribir un año después de su muerte, cuando tuve el valor de leer su obra y admirar su prosa.

J.P.: —¿No te apetecería concluir esa autobiografía y publicarla?
B.M.: —Lo he pensado, sí, y tal vez algún día lo haga.

J.P.: —¿A qué escritor te gustaría conocer personalmente?
B.M.: —Creo que sería fascinante conversar con Mario Vargas Llosa.

J.P.: —Blanca Miosi y su mundo (http://blancamiosiysumundo.blogspot.com) es el nombre de tu blog en internet. Cuéntale a los lectores de ilike qué se pueden encontrar en tu rincón personal.
B.M.: —En mi blog escribo artículos relacionados con el mundo de la literatura, desde entrevistas que hice a otros escritores, como Vázquez-Figueroa, Rosa Montero, José Manuel García Marín, o Arlette Geneve, pasando por comentarios de libros que he leído, y por supuesto, algunos de los cuentos que de vez en cuando escribo. También hablo del mundo virtual, de los foros literarios, los temas son variados.

J.P.: —¿Ya sabes cuál va a ser tu próximo proyecto? ¡Danos una primicia!
B.M.: —Mi próxima novela ya está en manos de mi agente, Antonia Kerrigan: Dimitri Galunov. El protagonista es un niño que escucha una voz que es la que dirige su vida. Lo acusan de quemar a su familia y lo encierran en un manicomio. Así empieza la historia.



J.P.: —Siempre se ha dicho que en el mundo literario existe mucho egoísmo y no menos envidia. Sin embargo, puedo dar fe de que tú no muestras reservas a la hora de aconsejar y apoyar a quienes aún no han alcanzado su objetivo de publicar. ¿Qué consejo le darías a los escritores que empiezan a plantearse la aventura de publicar?
B.M.: —Les diría que tomen la escritura con pasión. No existen términos medios cuando se escribe. Los que piensan que es fácil están equivocados, escribir requiere práctica diaria, lectura constante, y responsabilidad por lo que se cuenta. Pero sobre todo: corregir, corregir y corregir. Sólo si se hace un trabajo a conciencia se puede empezar a pensar en la publicación.

J.P.: —Cuéntanos qué se siente al ver una de tus novelas publicada.
B.M.: —Mucha satisfacción, es como ver el resultado de mucho esfuerzo finalmente hecho realidad. Me emociona saber que habrá personas leyendo lo que he escrito.

J.P.: —La mayoría de escritores descubren su vocación a muy temprana edad. ¿Ha sido éste tu caso?
B.M.: —No. Yo me considero una buena lectora, casi compulsiva, pero nunca me imaginé que podría escribir una novela. Mi decisión fue tardía, pero tal vez tenía que ser así.

J.P.: —He dejado para el final la pregunta del millón: ¿El escritor nace, o se hace?
B.M.: —Creo que el escritor nace. La técnica se aprende.

J.P.: —Blanca Miosi, me ha encantado charlar contigo. Muchas gracias.
B.M.: —Y para mí ha sido un placer responder a tus preguntas, Javier. Quiero saludar a los lectores de esta naciente revista, y agradecerles por haber prestado atención a la entrevista, para mí es un privilegio estar entre tanto talento artístico, y a ti, Javier, muchísimas gracias por la oportunidad.

sábado, 20 de marzo de 2010

El Heredero de Tartessos: una novela imprescindible

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Saludos, caminantes.

Esta semana me gustaría hablaros de la última novela que he leído: El Heredero de Tartessos, de Arturo Gonzalo Aizpiri.



Supe de este libro durante el proceso de documentación de mi nueva novela. Mientras buscaba información sobre la antigua Cartagena púnica, llegué al blog de Arturo Gonzalo y descubrí que recientemente había publicado un libro sobre la España antigua (véase Iberia, Ispania, Hispania...). Rápidamente me puse en contacto con él, y más rápidamente me respondió. Pero más aún, gracias a él pude adquirir un ejemplar de su novela, cuya primera edición ya estaba agotada (en breve saldrá la segunda, estad atentos); además hemos intercambiado impresiones sobre el mundo ibérico que me vendrán muy bien para mi propia novela. Desde aquí no puedo más que agradecer a Arturo (que estoy seguro se pasará por aquí) por su ayuda, en todos los aspectos.

Supongo que pensaréis que, como estoy agradecido, voy a hacer una reseña poco objetiva y claramente favorable a la novela. Acertáis en la segunda parte. Yo nunca reseño novelas que no me han gustado.

El Heredero de Tartessos es una auténtica maravilla, en todos los aspectos. Podría decirse que estamos ante una novela a medio camino entre el género histórico y la fantasía épica; la narración recuerda a Tolkien, pues es preciosista, pero a la vez muy clara y fluída; Arturo ha conseguido que algunas frases, que podrían parecer demasiado grandilocuentes, sean naturales. A este ambiente épico ayuda el entorno: la época pre-romana de la península ibérica es una etapa llena de lagunas, romántica como puede serlo la cultura celta o espartana. Aún así, el argumento es fiel a los datos históricos (en ocasiones contradictorios entre sí) y las licencias del autor cumplen su función: mejorar la historia y ensalzar el ambiente épico de la novela.

¡No te enrolles, Javi, y cuéntanos ya de qué va el libro!, diréis. Todo comienza cuando un joven celtíbero, se ve involucrado sin esperarlo en un combate entre guerreros cartagineses (no de Cartagena, sino de Cartago) y oretanos (una tribu íbera). El joven rápidamente se decanta por un bando, lo que le llevará a encontrarse con un gran personaje, que sabe mucho sobre el legendario linaje de la familia del muchacho. A través de la novela, el joven Gerión nos permitirá conocer cómo era la vida en España hace más de 2200 años, y los terribles sucesos en que nuestros antepasados se vieron involucrados: la conquista de la península por parte de Amílcar Barca (padre del famoso Aníbal, el hombre que estuvo a punto de vencer a Roma), centrada en el asedio de la ciduad íbera de Hélike.

Personajes fascinantes (yo me quedo especialmente con Anglea y Aníbal, aunque éste último sea secundario); escenarios deliciosamente descritos; grandes batallas; una historia de amor para aligerar... Muchos son los ingredientes por los que cualquiera debería leer esta novela. Como digo, en pocos días saldrá su segunda edición, así que os recomiendo que no os la perdáis.

Por hoy es todo, amigos. Un saludo a todos.

domingo, 14 de marzo de 2010

Stardust: La fusión perfecta entre cine y literatura de aventuras

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Saludos, una semana más, amigos.
Antes de abrir el tema que quería tratar esta semana, un anuncio: La semana que viene saldrá el nuevo número de la revista ilike magazine, con mi segunda participación. En esta ocasión la entrevista me enfrentará (simbólicamente) a Darío Vilas, compañero escritor y creador de la web H-Horror; también reseñaré un par de novelas: "Tengo una pistola", de Enrique Rubio y "El libro de Angelina", de Fernando Saavedra (ambos más que recomendables); todo ello aderezado con la segunda entrega de mi novela "La Sombra de la Luna", con los capítulos 2 y 3 que presentan al otro gran protagonista de la historia.

Y, ahora sí, entro en materia.

El cine siempre ha bebido de la literatura, con mayor o meno éxito, y más en estos tiempos en que parece que los guionistas de Hollywood andan un poco escasos de ideas. Grandes (o malísimas) películas han nacido de los libros o los cómics (que yo, muy personalmente, considero otro género de la literatura): El Señor de los Anillos, El padrino, El perfume, Crepúsculo (de esta mejor no hablo)...

Hoy quería comentaros una película que he vuelto a ver hace poco. Se trata de "Stardust", basada en la novela ilustrada homónima de Neil Gaiman, ese pedazo de guionista de cómics, adorado por unos y vilipendiado por otros, pero al que nadie puede discutirle haber revolucionado el mundo del cómic con su "Sandman".



Empecemos por el argumento, que se mantiene bastante fiel en la película. A medio camino entre la literatura clásica y el cómic, Gaiman nos cuenta una deliciosa fábula no tan inocente como podía parecer al principio. En un pueblecito perdido de la Inglaterra victoriana, un antiguo muro limita el mundo de los hombres con el de las hadas y pone nombre a la aldea. El joven Tristan, de carácter ingénuo y desconocedor de su verdadero origen, decide una noche traspasar el muro para conseguir un regalo a medida de una muchacha de la que está enamorado (pero que le es indiferente): una estrella caída del cielo. Sin embargo, Tristan se llevará la sorpresa de su vida cuando descubra qué hay en verdad tras esa estrella.



Si en la novela, Gaiman se apoya en los magníficos dibujos de Charles Vess, en la película el director Matthew Vaughn tuvo la inmensa suerte de contar con un reparto de actores de lujo; excepto el casi desconocido protagonista principal, Charlie Cox, que da vida a Tristán, el resto es un reparto de Óscar: la siempre fantástica Claire Danes (no diré a quién interpreta, para no chafar el argumento a los que no hayais visto la película), el maestro Robert de Niro (como el capitán de un barco pirata muy especial), Michelle Pfeiffer (la malvada bruja que quiere el poder de la estrella), Peter O'Toole (el rey de Stormhold), Rupert Everett (el príncipe Septimus) o Sienna Miller (como la muchacha de la que se encapricha Tristan). Un plantel de actores espectacular, con una actuación memorable de Robert de Niro (para variar), que borda el papel del "extravagante" y "desternillante" capitán pirata.





Pudiera parecer que estamos ante otra historia típica de hadas y fantasía, pero nada más lejos de la realidad. Aunque en la película se ha rebajado el tono subido de ciertas partes de la novela, es mucho más que una empalagosa película romántica o un sinsentido de magia y espada. Se trata de un film clásico de aventuras, hecho hoy en día: divertido, espectacular, romántico, entretenida. ¿Hace falta algo más?

Y para los curiosos: el mismo Gaiman describe, en el DVD de la película, cómo surgió la idea para su novela. Ocurrió en dos fases. Durante un viaje a Irlanda vio un pequeño muro de piedras, y más allá de éste un bosque cerrado; su desbordante imaginación comenzó a fantasear con el mundo que habría más allá, pero no fue hasta otro viaje, en el desierto de Colorado, cuando su historia tomó forma. Allí, sentado en el despejado erial, vio una estrella fugaz que rasgó el cielo como si fuera a caer en la Tierra. Y ahí surgió la chispa. Gaiman se preguntó qué pasaría si hubiera caído y él fuera a buscarla.

Así que ya lo sabéis, si queréis pasar un rato entretenido, la película. Si queréis algo más intenso, la novela. O ambas. ¿Por qué no?

Saludos!!

Narración radiofónica de mi relato "Como hadas guerreras"