TIERRA DE BARDOS, CIERRA.
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Alcander, de Luisa Fernández

Ya está aquí... Legados

sábado, 17 de noviembre de 2007

LA NINFA DE LOS VIENTOS



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Para Sandra
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-Dama mía, permitid a este aprendiz de bardo que os narre una maravillosa fábula llegada a mi corazón durante la calma de la noche- dijo el joven juglar de ojos verdes, y se encontró con la mirada ilusionada de aquella hermosa mujer de rojizos cabellos de fogosa intensidad.
-Siempre es un placer escuchar vuestras historias, amigo Taliesin, pues siempre encuentro alivio en ellas. Y alivio preciso, en estos días de trance amargo. Decidme, entonces… ¿de qué trata vuestra balada?
-Es un cuento como los de antaño, mi señora, triste pero a la postre esperanzador. Así espero al menos que lo entendáis.
-Comenzad, pues…
El bardo aclaró su garganta, pulsó las primeras notas en su laúd, y comenzó el relato…
***
Aunque ahora poco queda de aquello, hubo un tiempo en el que el mundo estuvo plagado de maravillas sin igual: eran días en los que el hombre aún no había sido presentado a la luz de la vida, en el que los majestuosos dragones paseaban esplendorosos a cielo vista, los enanos horadaban la tierra con ahínco en busca de piedras preciosas que hoy no tendrían precio, y los elfos, duendes y faunos aún no se habían escondido en las profundidades de los bosques.
Pero he aquí que la más bella de todas aquellas criaturas, tan maravillosa como el primer amanecer del mundo, acaso más, era una traviesa pero a la vez inocente ninfa de los vientos. Cloris o Flora la llamaron los hombres con posterioridad, y era amiga de todas las otras hadas, ya fueran de agua, fuego o tierra. Y ciertamente así debe ser… ¿acaso el viento no aviva el fuego, no bambolea las hojas de los árboles? ¿No es acaso el viento el que mece las olas del mar?
Y amaba a todas las criaturas, salvajes o con conciencia viva. Aún así, ella misma reconocía que en ocasiones era de genio volátil, un pequeño ciclón desbocado cuando alguna crueldad se cometía, si bien por entonces la maldad era parte sólo de los grupos de infestos trolls; pero quienes la conocían sabían que su corazón era generoso, que jamás rechazaba ofrecer ayuda, que daba más de cuanto pedía.
Flora era también juguetona, pícara pero sin ápice alguno de perversidad. Le encantaba jugar a susurrarle cosas al oído a otras criaturas, y cuando salía la luz de la luna, le cantaba a la noche entre melodiosos susurros; y cuando lo hacía, el mismo mundo se conmovía, y regalaba al hada una preciosa lluvia de estrellas fugaces.
Mas ocurrió que llegó el día en que dejó de cantar al firmamento, pues conoció a Céfiro, el Viento del Oeste, el más poderoso entre los cuatro Señores de los Vientos. Cuando se encontró con él, le pareció que era impetuoso y que no atendía a nada más que a sí mismo, pues a su paso solía levantar tempestades que arrollaban árboles y mataban a las bestias amigas de la ninfa. Céfiro, por supuesto, no contenía maldad en sí mismo, pero sus acciones pasaban desapercibidas para sus sentidos, así como los hombres no atendemos a los insectos que, sin advertirlo, pisamos.
Sin embargo, Flora, aunque de apariencia inocente, tenía el alma de una auténtica guerrera latiendo en su interior, y no se amedrentó en nada ante el tumultuoso Señor de los Vientos del Oeste. Se plantó ante él, decidida y firme, para evitar que aquel se adentrara más en las tierras en las que ella gustaba de disfrutar de la calma. No deseaba que dicha paz se viese truncada por tan desbocado vendaval.
Pero… ¡ay! La valiente Flora no contó con quedar encandilada por Céfiro, mas eso mismo aconteció. Y fue mutuo. La pasión nació entre ambos, y el deseo primigenio pasó a convertirse en poderoso e invencible amor. Tan fuerte fue cuanto sintieron, que Céfiro incluso llegó a sacrificar todo su carácter impulsivo, y de huracán pasó a brisa, de vendaval a susurro, sólo por estar con la hermosa hada.
Y disfrutaron juntos, durante un tiempo al menos, y se amaron como sólo pueden quererse quienes no conocen el engaño, sin reservas. Una vez desposados, Céfiro nombró a su amada Reina de las Flores, y así desde entonces el hada animó el abrir de los capullos en primavera con su sola sonrisa.
Pero al cabo Céfiro era viento, su naturaleza era vagar sin descanso, sin detenerse, lo contrario era… la muerte. Por Flora se había negado a sí mismo, pero el Señor de los Vientos del Oeste sabía bien que aquella calma no podía perpetuarse, que se estaba desvaneciendo, que pronto acabaría su existencia.
Así que, con el alma rota, Céfiro habló a Flora.
-Lo siento, vida mía, debo marchar, o acabaré desapareciendo, perdiéndome en el olvido- ella quiso llorar, pero Céfiro contuvo las lágrimas de la ninfa un momento-. Mas te amo tanto que no puedo quedarme en este mundo, volvería a ti y todo se perdería. No me asusta dejar de ser, pero si aconteciese, tu luz se extinguiría de puro dolor, y no deseo ser causante de que el mundo pierda a su más bella criatura. Así que me iré donde no hay montañas que detengan mi paso, donde puedo esperar el momento en que nos volvamos a encontrar, en otra vida quizás, pero aún nosotros.
-Será como si murieras- sollozó Flora, y sus lágrimas eran como las estrellas fugaces que tanto le habían agradado en el pasado.
-Lo parecerá, pero no será así. Te prometo, amor de mi alma, que volveremos a yacer juntos…
La ninfa no tuvo valor para contrariarle. Céfiro, débil, se fue alejando, poco a poco, con la fuerza del batir de alas de un pequeño gorrioncillo.
Se fue, se fue, dejando solo pena en el corazón del hada.
-Lo siento, amor mío- le susurró antes de desaparecer.
***
La Dama Aletheia contuvo un sollozo, pues la historia del bardo la había conmovido más de lo que creyera posible. Quizás el joven Taliesin fuera aún inexperto en el arte del narrar, quizás fueran precarias sus composiciones, pero en todo cuanto hacía implicaba el alma y el corazón, y tal virtud prevalecía sobre sus muchos otros defectos, que tal vez el tiempo puliría.
Pero de todos modos, el motivo de su repentina tristeza se debía a mucho más que la intensidad del bardo. ¿Por qué? Se preguntó. ¿Por qué aquella historia le había llegado tan adentro.
-¿No me preguntáis por el destino de la ninfa de los vientos, mi señora?- intervino Taliesin.
Aletheia asintió, pero de su garganta no salió palabra alguna, tan acongojada estaba.
-La hermosa hada Flora, o Cloris como la llamaron los regios romanos y los sabios griegos eras más tarde, vagó pálida y sin gracia y rumbo durante mucho- comentó el bardo-. Amargada, creyó que desfallecería, que no podría superar tan honda tristeza. Pero su alma era vida, toda su esencia pertenecía a la vida, y su corazón contenía una fuerza como no había otra en el mundo. Asumió su congoja, y se aupó por encima de cualquier desolación, no obstante sin jamás olvidar a Céfiro, su amor eterno. La ninfa aseguró una y mil veces que, en ocasiones, veía mecerse las ramas de los árboles cercanos, y sabía que era su amado, que estaba allí, observándola, quizás protegiéndola. Sin embargo, ese vientecillo no llegaba nunca a la pobre criatura. Y sí, Flora quiso a otros con sinceridad y no poco amor, pero el Señor del Viento del Oeste siempre ostentó el trono en su corazón, un puesto que jamás nadie pudo disputarle.
>>Y, llegada la hora, después de muchos años, Flora se hizo una con el mundo, como acontecía con todas las ninfas. Pero he aquí que el espíritu de las hadas, como el de muchos otros seres, nunca muere del todo, sino que vuelve a surgir, en una nueva forma, para cumplir un destino inacabado. Flora, entre otras encarnaciones, fue sirena de los Bravos Mares del Oeste, Princesa Guerrera en Troya, y Reina tanto en Esparta como en la mítica tierra de Camelot.
Y entonces Taliesin detuvo su plática un instante, y miró con sus ojos verdes y profundos a la bella Aletheia, y ésta comenzó a comprender.
-Hoy, Flora es una dama tan hermosa como lo fue antaño siendo ninfa.
Aletheia derramó nuevas lágrimas. El bardo, heredero del linaje de los antiguos druidas, aquellos con el don de ver en lo oculto, había tenido su primera Visión Verdadera. El Awen[1] se había manifestado al fin.
-¿Y… y qué pasó con Céfiro…?- sollozó la joven- Decídmelo, amigo Taliesin…
-Cumplió su promesa, mi señora. Volvió a su amada en tantas encarnaciones como ella: Orfeo, Aquiles, Leónidas, Arturo…
-…John…- susurró para sí Aletheia, recordando su propio dolor, aunque Taliesin bien que la escuchó.
Pero entonces, de repente, la joven levantó el rostro; y éste se veía bañado de grandes ríos de lágrimas, cierto, pero ya no era llanto de impotencia, nunca más de impotencia; ahora lucía una gran y ancha sonrisa, sincera, alegre…
…esperanzada.
-Pero volverán a encontrarse- dijo ella.
Taliesin, el Bardo Errante, sonrió también, y asintió sin decir ya más. Acarició con cariño el rostro de la mujer, aunque ella ya no necesitaba consuelo, y se quedó entre los dedos una lágrima suya. Ésta se convirtió en una titilante estrella fugaz con forma de diamante, que él guardó como un tesoro.
Luego, bastón en mano, en la otra el fiel laúd, abandonó la sala, contento por la ilusión renovada de su amiga, para seguir vagando por el mundo sin rumbo alguno ni destino final.





© 2007 Javier Pellicer Moscardó
Relato inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual como parte de la obra “Entre mente y corazón Segunda antología de relatos”
[1] Estado de trance en el que se sumían los druidas celtas.

5 comentarios:

Éowyn dijo...

Quien pudiera viajar con Taliesin. Me encantan tus relatos. Cuando tengo un ratico me meto en tu blog para leer y desconectar del estres diario. Son muy buenos, escribes con gusto y eso se nota. Aquí tienes una admiradora. besos

Carmina dijo...

Hola!! cóm has arribat al meu blog?
El teu està molt bé, escrius sobre històries i relats curiosos.
El meu és molt diferent. Nosaltres escrivim sobre temes actuals o coses que ens passen al dia a dia al nostre poble.
Veig que t'agrada molt Irlanda.
Ho tenim en comú. A mi també.
Jo vaig estar fa uns anys i és impressionant.
Estàs convidat a entrar al meu blog i comentara quan vullgues,ok?

Salutacions

Lyra dijo...

Es precioso. Además, precisamente estudio estas historias en la parte de mitología de mi asignatura de griego y he hablado de Céfiro y Cloris en mi último trabajo, por lo que me ha encantado aún más.

Me ha encantado. Tienes muchísimo talento. Besos.

4nigami dijo...

Dios mío... yo tendré talento con eso de la fotografía, pero tú con la escritura tienes mucha más...

Bueno.. yo talento talento con la fotografía tampoco es que tenga demasiado, sólo que me gusta, y eso siempre se nota...

He visto que uno de tus libros favoritos es Añoranzas y Pesares, como el mío ^^ La verdad es que tardé lo mío el leerlo al pobriño, pero mereció la pena... ^^

Ya puse tu dire en mis favoritas para ir viendo poco a poco todos tus relatos =)

Besos y gracias por haberte pasado por mi fotolog; y lo que és más importante: gracias por haberme descubierto el tuyo!

Misstwenty dijo...

Holaaaaa Javier!!!
Bueno, buenooo!!he entrado por primera vez en tu casa virtual y me ha encantadooo!!El relato impresionante... me encanta tu forma de escribir que lo sepas, jeje!!...
Bueno y veo que coincidimos en muchas cosas: a mi la triología del señor de los anillos me encanta (la peli también), The Corrs es uno de mis grupos favoritos (me gusta el sonido celta)...
Me pasaré más veces por aquí!!Un besazooooooooooo!!
Muaaks!!

Narración radiofónica de mi relato "Como hadas guerreras"