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domingo, 30 de septiembre de 2012

Entrevista a Pedro Santamaría (I)


Saludos, caminantes. Un año después de que Pedro Santamaría sorprendiera a propios y extraños con su primera y arriesgada novela «Okela. Espartanos en Cantabria», el autor santanderino vuelve a las librerías con la adaptación literaria de otro episodio histórico de la antigüedad. «El águila y la lambda» (Ediciones Pàmies), dedicada a un momento muy específico de la Primera Guerra Púnica, es su nueva oferta al lector. Veamos qué nos cuenta.

—«El águila y la lambda» transcurre en el año 256 a.C. La Guerra Púnica, librada hasta el momento en Sicilia, está de algún modo enquistada, sin ventaja ni para romanos ni para cartagineses. En este ambiente tenso das comienzo a la historia. Resúmenos un poco el argumento, hasta donde creas conveniente.

—La eterna pregunta ¿Cuánto desvelar para que resulte interesante pero sin dar demasiadas pistas? El Águila y la Lambda relata la primera invasión de África por parte de los romanos desde cuatro puntos de vista diferentes: el de Marco Atilio Régulo, Cónsul de Roma, quien está al mando de la expedición; Arishat, una bellísima cortesana cartaginesa; Aulo Porcio Bíbulo, un remero en la flota de la república y Jantipo, general mercenario de origen espartano al servicio de Cartago. Los destinos de estos cuatro personajes se solapan y entrelazan en una narración que abarca desde la batalla naval de Ecnomo (256 adC) hasta la de Bagradas (255 adC) momento álgido de la campaña.

—¿Qué tiene esta época para que hayas decidido hablar sobre ella?

—Pues yo diría que los suficientes ingredientes históricos como para poder trabajar con las fuentes, pero no demasiados, para así poder echar a volar la imaginación sobre cómo pudieron ser aquellos días. Es un momento en el que la suerte de Cartago parece estar echada, en el que la tensión ante su inminente caída es, por decirlo de algún modo, eléctrica. Y, lo que más me llama la atención, es que nadie se haya lanzado a novelar este episodio antes. De hecho, la primera guerra púnica es una gran olvidada en la novela histórica, en primer lugar porque sabemos bastante menos de ella de lo que sabemos sobre la segunda y quizá también porque figuras como los dos grandes antagonistas, Anibal y Escipión, y sus grandiosas campañas y batallas eclipsan a otros personajes relevantes y carismáticos tanto anteriores como posteriores. El simple hecho de que fuese un general espartano en quien Cartago deposita su confianza es extremadamente evocador. Al fin y al cabo, la Esparta de la época era ya poco más que un pueblo grande, una entidad política insignificante y, no obstante, parece que aún mantenía cierto prestigio en lo militar como parte de un pasado glorioso. Por otro lado, Marco Atilio Régulo debió ser un general muy capaz y, por lo que trasciende de su personalidad y por la leyenda que se creó alrededor de él años después, un romano que serviría de ejemplo a generaciones posteriores. ¿Cómo no dejarse llevar por estos dos personajes de tintes, para mí, homéricos?

—Resulta llamativo que hayas elegido precisamente a un espartano como motor de la historia, aunque el protagonismo sea compartido con otros tres personajes. ¿Por qué Jantipo? ¿Tienes debilidad por los espartanos? Porque en tu anterior novela ellos eran los protagonistas absolutos.

—Muchos escritores dicen que no son ellos los que eligen las historias que cuentan sino que, más bien, es al revés; que son las historias las que les eligen a ellos para ser contadas. Aunque pueda parecer una observación un tanto mística, creo que hay algo de verdad. Es cierto que me apasiona la historia antigua en general, que dentro de la historia antigua es la Grecia clásica la que más me fascina y, sin duda, dentro de lo que es la historia clásica la sociedad espartana, con sus luces y sus sombras, resulta muy evocadora. Creo que sí tengo cierta debilidad por los espartanos, pero ¿Hubiera escrito el “Águila y la Lambda” de no haber habido un espartano por medio? Yo creo que sí. Aunque también es cierto que me he sentido muy cómodo con el personaje al poder dotarle de una personalidad lacónica y, a mi entender, realista, que pude explorar en profundidad mientras escribía Okela.

—Dices en la contraportada que tu principal fuente histórica ha sido Polibio. Imagino que no ha sido la única. Por experiencia propia sé lo complicado que es documentarse sobre esta época en concreto. Cuéntanos un poco sobre el proceso de documentación.

—Lo cierto es que la creación de “El Águila y la Lambda” fue un tanto extraña. No soy ningún erudito, pero dado que más o menos me desenvuelvo en la época en cuestión, el aspecto documental no fue difícil. Sencillamente me puse a escribir y cuando me encontraba con alguna duda consultaba libros que ya he leído. El proceso de escritura fue vertiginoso. Se desarrolló a lo largo de Agosto de 2011, un mes que me pasé prácticamente pegado al teclado, aporreándolo sin parar y exprimiendo de él una historia que parecía ir escribiéndose sola. Tuve que consultar principalmente a Polibio para poder relatar el proceso de la campaña, aunque en ocasiones me aparto de sus “Historias”. No obstante, hay otros que dieron cuenta de aquel episodio, Dion Casio, Zonaras o Diodoro de Sicilia. En los casos en los que estos historiadores difieren en lo que cuentan sobre la campaña, me he decantado por la explicación que mejor se adaptaba a la trama de la novela. Por ejemplo, Polibio afirma que fue el propio Régulo el que envió emisarios a Cartago para tratar la paz, por el contrario, el resto de historiadores afirma que fue al contrario. También Polibio nos cuenta que la batalla de Adis ocurrió al amanecer y Zonaras que fue de noche (según él muchos cartagineses murieron mientras dormían). Polibio suele ser el más fiable de ellos, por eso me he basado en su versión aunque en ocasiones me desvíe y en otras supla alguna laguna con las consabidas licencias.

—A nivel narrativo tu prosa es rápida y directa, y sobre todo poseedora de un ritmo muy visual. Ayuda mucho que los capítulos sean cortos. Sin embargo, huyes generalmente de descripciones más profundas. ¿Es intencionado?

—Lo cierto es que no lo sé. Escribo tal y como sale. No tengo un esquema hecho y no suelo plantearme si esto o aquello es más o menos efectivo. Sí es cierto que en ocasiones prefiero abandonar partes de la narración a la imaginación del lector, no contarlo todo sino más bien dar alguna pincelada. Por ejemplo, en la novela, sabemos que Jantipo ha sufrido en su pasado, pero dado que el personaje es reticente a hablar de ello, no llegamos a saber nunca que le pasó en realidad, lo intuimos, percibimos que fue algo traumático y que le marcó, pero si él no lo cuenta, yo, como narrador, tampoco debo hacerlo. De igual forma, no conocemos el pasado de Arishat, la cortesana, pero podemos intuirlo. Utilizar todo un capítulo para hacer una regresión o “flash-back” en mi opinión hubiera restado intensidad a este relato que debía ser ágil y en el que la tensión debía ir “in crescendo”, casi sin pausas, hasta llegar al punto álgido que es la batalla de Bagradas.

Pedro Santamaría y Javier Pellicer

(Continúa la entrevista la semana que viene)

2 comentarios:

Babel dijo...

¿Partida por la mitad? Un to be continued en una entrevista, jajaja, eso es nuevo para mí ;o)
Muy curioso lo de las fuentes y las licencias.
A ver si cae el libro en el futuro.
Besotes históricos.

Javier Pellicer dijo...

Jajajaja... Sí, es que a Pedro le gusta enrollarse, pero como es tan interesante lo que dice, no quería dejar ninguna pregunta fuera.

Abrazos íbero-contestanos!! :)

Narración radiofónica de mi relato "Como hadas guerreras"