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viernes, 26 de junio de 2009

Los invasores

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Saludos, visitantes. Esta semana os dejo el relato de ciencia-ficción que ha resultado finalista en el II Premio Cryptshow Festival de Relato. Si recordáis, fue precisamente en la primera edición de este certamen donde conseguí mi único primer premio, por "El Gran Bibliotecario". La antología de este segundo certamen estará próximamente a la venta, ya lo anunciaré.
De momento, espero que disfrutéis con el relato.

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LOS INVASORES
Javier Pellicer Moscardó


Puntos iridiscentes en el cielo, así empezó.
Cuando llegaron las naves, magníficas, colosales, milagrosas, la gente miró a los cielos con aire esperanzador. Aquellos dioses, capaces de salvar las enormes distancias del espacio, sin duda debían venir en son de paz. Todos los filósofos habían discutido durante siglos sobre el modo en que transcurriría el primer contacto con otra especie inteligente ajena al mundo. Llegarían desde remotos confines y alzarían a la especie hasta equipararlos a su grandeza. Una civilización tan avanzada debía por fuerza ser una raza pacífica. La cultura tecnológica necesaria para los viajes interestelares jamás hubiera podido desarrollarse en una sociedad de naturaleza agresiva, pues se hubiesen destruido entre ellos.
Ingenua inocencia que pronto fue reemplazada por decepción e inmediatamente por horror. Aquellos seres no llegaron para enseñar. Vinieron a someter.



Quizás si hubiesen escrutado los límites de sus cielos con mayor ahínco y precisión habrían sabido antes de aquella raza, temida en toda la galaxia; una alienígena civilización que, como una plaga incontenible, se había expandido más allá de su mundo de origen. La primigenia necesidad de colonizar otros planetas, en busca de un nuevo hogar para su mundo maltrecho, se convirtió pronto en un ego desmesurado. Una vez se convirtieron en amos de su sistema de planetas, se dejaron cegar por el orgullo de los logros alcanzados, como tantas veces habían hecho en el pasado. Estaba en su naturaleza, no podían escapar de sí mismos. La colonización se convirtió en expansión, más tarde en conquista.
En honor a la verdad, debía decirse que se trataba de una raza inmune a la desazón. Muchas civilizaciones habían perecido antes siquiera de llegar a las estrellas, y otras que lo habían logrado igualmente desaparecieron en las corrientes del tiempo. Pero aquella raza, en apariencia tan moralmente imperfecta, no sólo evitó su autodestrucción, sino que además se unificó para conseguir un mismo afán: convertirse en los dueños del universo conocido.
Sin embargo, y por desgracia para todas aquellas especies con las que contactaron, también resultaron ser insaciables. Llegado el día, no tuvieron suficiente con la colaboración amistosa; quisieron asimilar hasta que tampoco aquello fue suficiente. Y entonces esclavizaron. Y ante la oposición… destruyeron.
Y cuando llegaron al mundo, habían conquistado más de media galaxia. En esos días ya no utilizaban los subterfugios para debilitar desde dentro a las razas con las que contactaban.
Para entonces, sencillamente arrasaban.
El mundo no tenía una mísera posibilidad ante los invasores. Su tecnología, que aún los anclaba a su mundo natal, era burda en comparación con la maquinaria de destrucción del imperio asaltante. La resistencia fue por tanto inexistente. Unos pocos días bastaron para reducir las débiles custodias que antaño los defensores habían creído un alarde de poderío militar. Los inmensos cruceros de guerra interestelares cubrieron los cielos del mundo con el rugir de sus apabullantes cargas de plasma, capaces de devastar ciudades enteras en el tiempo entre dos latidos consecutivos. Los edificios se desplomaron y ardieron, sin dejar más que escombros y cuerpos incinerados.
Pronto, el veinte por ciento de la superficie del mundo quedó yerma. Casi la mitad de la población había sido masacrada sin piedad. Los supervivientes, aquellos a los que aún les quedaban fuerzas, lloraron. Poco más podían hacer.
Con el mundo rendido, los odiados pero invencibles enemigos mostraron su rostro. Los derrotados los miraron con rabia, pero sin posibilidad de nada más que aborrecerlos en silencio. En aspecto, no eran tan distintos. Caminaban sobre dos piernas, como ellos, pero sus cabezas eran pequeñas y estaban repletas de una especie de vello ligeramente largo. Eran mucho más altos, y también más corpulentos, pero aparte de sus ojos diminutos y sus pieles rosadas no había nada que en esencia los diferenciara. Eran de carne, sangre y hueso.



Ahora eran sus dueños, y les habían arrebatado el mundo en el que nacieron como especie. Los invasores tomaron cuenta de su nueva posesión, la hicieron suya con un antiguo rito perdido en los albores de su historia, cuando aún conocían la piedad. Allá donde se había erguido la ciudad más grande del mundo, y donde no quedaban más que cenizas y polvo, clavaron lo que ellos llamaban bandera.
Y luego clamaron a los cuatro vientos su victoria, sin importarles cuántas vidas inocentes había costado.
-¡Este mundo pertenece ahora al todopoderoso Imperio Tierra Unida! ¡Salve por siempre! ¡Salve La Tierra!
Y con los gritos de los terranos horadando sus pesares, los kloridianos se rindieron definitivamente.
Nada en el universo podía resistir el poder de la raza humana.

9 comentarios:

Guillem López Arnal dijo...

está muy bien. Me ha dejado cierto regusto a prólogo para una historia más larga. ¿Un proyecto futuro?
Un saludo.

B. Miosi dijo...

Me has sorprendido, Javi. Realmente me has sorprendido. Yo estaba preparada para que la Tierra sea el planeta conquistado, y resulta que ¡era al revés!

Vuelvo a leer el cuento y es cierto. En ningún momento pones Tierra, dices "el mundo". Así que surtió el efecto deseado.

Yo no lo veo como un prólogo, yo lo veo como un cuento redondo.

"... la hicieron suya con un antiguo rito perdido en los albores de su historia, cuando aún conocían la piedad." Podría ser una pista, aún así el final es para erizar los vellos.

Razón tenían al escogerlo como finalista, aunque podría muy bien haber ganado.

Muy bien! Javier!

Besos
Blanca

Jesús F. dijo...

Hola Javier,
buen cuento, me recuerda a clásicos de la ciencia-ficción, Ray Bradbury y similares, aunque si te soy sincero, algo me esperaba del desenlace, pero es que soy una de esas personas que el ser humano es como una langosta y no dudo que con las ansias colonizadoras que tenemos como especie, si algún día se diesen las circunstancias que describe tu cuento, el desenlace sería muy similar.
Un saludo.

Cristina Puig dijo...

Hola Javi,
Me gustó mucho, yo lo veo como una historia redonda. Muy original.

Un abrazo,
Cris

g.l.r. dijo...

Enhorabuena, Javier. Me ha gustado mucho.
Es curioso el punto de vista que propones, cuando es la Raza humana la conquistadora. Quizás no se aleja demasiado de la realidad. Por desgracia, sí somos destructivos y conquistadores, llegando incluso a eliminar aquello que también nos beneficia.
Un saludo.

g.l.r. dijo...

Por cierto, Javier. Muchas gracias por tu consejo de enviar un relato a Horror Hispano. Te hice caso, lo envié y me lo han publicado.
"No sólo los perros lamen" es fantástico, pero el nivel de todos es muy alto.
Suerte en las votaciones.¡Qué buena iniciativa han tenido!

Víctor Morata Cortado dijo...

Vaya relato tan bien elaborado con un despiste muy bien conseguido. Felicidades, amigo. Bravo. Es un merecido reconocimiento. Un abrazo y sigue así.

Javier Pellicer dijo...

-Guillem: hombre, de toda historia se puede sacar un proyecto mayor, yo lo sé bien. Así nació mi novela corta "La Sombra de la Luna". Pero en principio "Los invasores" no tiene visos de ser algo más, aunque quien sabe. Si algún día tengo una crisis de imaginación quizás...
-Blanca: Me alegra muchísimo tu comentario. Precisamente era lo que pretendía. Me gusta ese toque "Sexto Sentido", donde le cuentas al lector el quid de la cuestión pero tan disimuladamente que no lo advierte hasta el final.
-En realidad, Jesús, ya se han dado las circunstancias. Creo que "Los invasores" bebe de la historia: ¿Cuantos pueblos han colonizado a otros y los han absorbido? Ha ocurrido muchas veces, demasiadas. La historia también bebe de eso.
-Cristina: un abrazo bien grande, y gracias.
-g.l.r: efectivamente, como he comentado a Jesús. Que les pregunten a los indios americanos. Genial con lo de H-Horror. Ya puedo decirte que uno de mis relatos ha salido elegido para el fanzine.
-Víctor: Gracias, amigo.

victoria dijo...

Gracias querido Javier,me ha encantado las historias ya que son mis favoritas pero con alguién con tantos premios me veo tán poquita cosa pero me quedo a tu lado para seguir leyendote.Un beso

Narración radiofónica de mi relato "Como hadas guerreras"