TIERRA DE BARDOS, CIERRA.
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Alcander, de Luisa Fernández

Ya está aquí... Legados

lunes, 14 de enero de 2008

GLADIADOR DE ÉBANO

Nota del autor: Quienes me conocen un poco saben que el tema que expongo en este relato (embellecido para la ocasión, pero del todo realista) es una de mis astillas clavadas. La fantasía y la ciencia-ficción son mis territorios naturales, pero a veces me gusta cambiar de aires y adentrarme en la denuncia social (ups, estoy diciendo demasiado). El tema en cuestión me revuelve las entrañas desde que tengo uso de razón. Sigo sin entender porqué en una sociedad que se autoproclama civilizada se permiten atrocidades como la que paso a narrar.

Disfrutad, pero sobre todo, recapacitad sobre lo expuesto.

Y por supusto comentad.


***



Salgo a la arena del abarrotado coliseo, buscando una salida, buscando la libertad a un cautiverio impuesto por aquellos que manejan los hilos de mi infausto destino. Cautivo, sí, mi vida está supeditada al capricho de quienes han hecho de mí lo que soy: un esclavo para calmar sus ansias de diversión, sus anhelos de héroes y gloria, sus afanes de diversión... su barbarie y su vergüenza.
Ya han decidido por mí cómo debo morir... y cuando.
Sin embargo, yo aún soy ignorante al respecto. Pobre de mí, que ingenuidad la mía, por otra parte inevitable. Desconcertado, confuso e irritado por la repentina luz del día- negada durante largas horas de ignominioso encierro en las sombras-, veo una posibilidad, una esperanza de supervivencia. Y entro en su juego. Lucho, por mi vida, creyendo que ha sido mi elección, y no la de otros.
Alguien entona mi nombre: “Ébano”, dice, y el gentío aplaude, un gesto carente de significado para mí. No, nada existe más que el ardor provocado por la sustancia con la que han embadurnado mis extremidades para que no deje de correr, y el insoportable escozor en mis ojos que me ciega en parte… nada existe más que mi enemigo.
Sus ropajes de gladiador resplandecen, en contraposición con mi negra piel. Me espera con gallardía, con una arrogancia quizás no deseada- o tal vez sí-, pero ciertamente manifiesta; y yo, inconsciente, le brindo lo que sin duda es su deseo y mi perdición. Me lanzo contra él con la impetuosidad de mi mayor fuerza, de mi corpulencia superior. Lo encaro con mis afiladas armas, no buscando su muerte por gusto, sino por puro instinto.
Pare eso nací. Para eso fui criado como tantos otros. Algunos dicen que no existiríamos de no ser por esta tradicional necesidad de héroes. Sea como fuere, tal vez la no existencia sería deseable al martirio con el que acababan nuestras vidas.
Llego hasta el héroe. Sin embargo, él posee dos armas que yo no conozco: la agilidad, y sobre todo, y en especial, la inteligencia. A pesar de las apariencias, es una batalla desigual, perdida de antemano, aun cuando yo sea dos veces más robusto que él, y mi fuerza pueda destrozarlo con sólo un impacto.
Si al menos fuera una lid justa…
Me sortea, echándose a un lado, y sabedor de su superioridad inicia un juego cuyas reglas yo no conozco. Una finta tras otra me engaña, me incita a atacarle para luego burlarse de mí. Así una y otra vez. Yo me canso, su esfuerzo en cambio es mínimo.
Un descanso, parece. Otro engaño, en realidad, pues sólo es tregua para mi enemigo. Aparece ante mí otro contrincante, un hombre con una lanza. Se parapeta sobre un muro andante, y mientras yo, poco sagaz, ataco con ahínco ese muro- otra pobre infeliz criatura, tan esclava como yo-, él me lesiona con su afilada hoja, me hiere más y más profundamente. Se abre en mi carne en un lacerante boquete, la sangre estalla sin remedio, y el dolor me obliga a la humillación total de no poder siquiera levantar la cabeza.
Más enemigos, siempre más enemigos. Otro hombre distinto a los demás está parado frente a mí. Me mira ceñudo, pero yo no comprendo sus intenciones. Alza sus armas, y sin previo aviso se lanza contra mí. Una vez más, me engañan; una vez más y no será la última. De nuevo me dejo llevar y le ataco yo también. Cuando a punto estoy de ensartarlo con mis armas, él se zafa y, ya expuesto e indefenso, no puedo evitar que me clave aquellas menudas lanzas por detrás, por la espalda.
Si conociera el orgullo me sentiría humillado.
El dolor del instante recorre todo mi cuerpo, como una corriente eléctrica devoradora; trato, con fuertes vaivenes de todo mi cuerpo, librarme de tan insidiosas armas, pero con cada uno de mis movimientos no sólo no consigo desprenderme de ellas, sino que éstas se anclan si cabe con más ahínco, al tiempo que las heridas se agravan más y más. Y con ellas, la terrible agonía. Pero soy fuerte, resisto, y quizás por ello transmito una falsa imagen de entereza a mis enemigos. Los muy necios creen que no sufro.
Su necedad y prepotencia es mi castigo.
Se retira quien me ha herido y retorna el héroe, fresco y entero. Más engaños, más juegos, en tanto yo poco a poco voy perdiendo fuerzas a través de la sangre que brota de mis heridas. Sin embargo, como no conozco la rendición, continúo la lucha, tozudo aunque consciente del dolor; tan exasperante éste que da paso a la rabia más irracional, a la pura desesperación. El héroe prolonga su juego, yo sigo respondiendo, sin saber que el momento de mi final está cerca. Mis fuerzas son escasas, pero aún me tengo en pie, aún albergo esperanzas.
Y entonces él se detiene, y como si hubiese sido hipnotizado, también yo lo hago. Alza la espada, y con ella me señala, erigiéndose como juez y verdugo, proclamando la que siempre había sido una inevitable sentencia, mientras sus ojos se funden con su objetivo. Me marca a fuego con su mirada. Por supuesto, no entiendo, pero como hasta el momento, me dejo llevar en la vorágine de acontecimientos orquestados por otros. Le contemplo mientras rebufo, inconsciente del momento sublime que para mi enemigo representa lo que está a punto de acontecer. Para él es el éxtasis, el ansiado orgasmo de placer, un fugaz pero sublime momento de inmortalidad.
Un instante que, según él y cuantos son como él, sólo se puede lograr con el sacrificio… de otro.
Jamás el propio.
Ahí llega el golpe mortal, precedido por el sepulcral silencio de todo espectador presente, por sus alientos contenidos en espera del anunciado pero no por ello menos deseado final. El mundo se detiene para todos, excepto para mí. No, yo siento claramente cómo el filo de la espada desgarra mi carne, siento el arma ya, definitivamente, formando parte de mí.
Enfervorizados, aplauden cuando me hunde el acero, aclaman a mi enemigo, su héroe; lo jalonan mientras caen rosas desde las gradas, pues acaso él representa cuanto quieren ser, cuanto jamás podrán ser. La gloria divina para el gladiador resplandeciente. Y, que no insistan en vestirlo de honor u orgullo, la degradación para el gladiador de ébano. Una humillación que poco me importa, porque estoy a punto de morir.
En realidad, si tuviera capacidad de tal, debería sentir lástima por mi enemigo, mi ingenuo enemigo. Sí, porque al cabo es tan esclavo como yo, un pelele de una tradición salvaje que, y esa es la diferencia con respecto a mí, está a su favor. Él le ofrece al público sangre y muerte, y éste lo aclama por ello, lo reverencian. Sin embargo, raras veces entregará la vida, raras veces será él quien yazca en la arena empapado en su propia sangre. Él siempre tendrá la posibilidad, y será alta, de vivir. Yo jamás, nunca tendré la esperanza de salir de la arena con vida.
¿Quién es la verdadera bestia?
No puedo más, fallan mis fuerzas. Mis extremidades se doblan atacadas ya al fin por la irrevocable debilidad. Ya perdidas las energías, mi resistencia, la misma que mantenía a raya momentáneamente el dolor, queda en nada. Y el sufrimiento se propaga por cada terminación nerviosa, la catarsis llega a mi cerebro como millones de agujas atacando cada célula de mi cuerpo. ¿Es que no ven cuanto es mi sufrimiento? ¿Es que son tan ciegos que no advierten el salvajismo de sus acciones, de sus horrendas y anticuadas tradiciones? ¿Cómo pueden tenerse por seres civilizados?
Resulta obvio que no son conscientes de nada de ello. Al menos aquellos que presencian mis últimos alientos.
Caigo, sobre el carmesí charco de mi sangre. El aliento se me va, y con él la visión del mundo.
Un último bramido, apenas un gemido. Y al fin, solo entonces, ya exánime como estoy, y luego de tan horrible tortura, alguien se apiada de mí.
Una punzada en la nuca, y así muero.
Tras veinte minutos de tormento.
Veinte minutos de gloria para el héroe llamado torero.
Veinte minutos de agonía para la bestia llamada toro.




© 2007 Javier Pellicer Moscardó
Relato inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual como parte de la obra “Entre mente y corazón Segunda antología de relatos”



Y como añadido, y aunque no soy devoto de este grupo, os dejo una canción de Ska-p que hace referencia al tema y con la que comulgo:



Entre el Atlántico y el mar Mediterráneo hay una tierra de mar y mucho sol

que desde antaño se viene practicando una asquerosa y sucia tradición

un individuo vestido de payaso tortura y martiriza hasta la muerte a un animal

y el graderío estalla de locura cuando el acero anuncia su final.

Banderilleros sedientos de violencia van torturando sin ninguna compasión

los picadores prosiguen la matanza acentuando punzadas de dolor

malherido embiste con bravura contra el frío del acero que destroza su interior

agonizando en un charco de sangre el puntillero remata la función.

FESTEJO CRIMINAL, VERGÜENZA

Torero, eres la vergüenza de una nación

Torero, eres la violencia en televisión

Torero, eres asesino por vocación

Torero, me produce asco tu profesión

Llamar cultura al sadismo organizado, a la violencia, a la muerte o al dolor

es un insulto a la propia inteligencia, al desarrollo de nuestra evolución.

Tu indiferencia les hace poderosos, manifiesta tu repulsa a la fiesta criminal

no colabores con un juego de dementes, taurinos al código penal.

14 comentarios:

Princesa de Hielo dijo...

ufff de verdad q me has hecho llorar! para variar un relato magnifico. yo creo q el q mata a un animal es un asesino encubierto, pero a la vez un cobarde porq no se enfenta con un igual, sino con un condenado. por eso tambien estoy en contra de la caza deportiva, ningun hombre q disfrute viendo sufrir a otro, sea o no humano, puede llamarse persona. saludos de la princesa de hielo
saludos

Ascen dijo...

Oye y tú me dices que lo hago bien?. He leído todos los relatos de esta página tuya y me parece increíble tu imaginación. Veo también que algunos han sido publicados. ¿Te has atrevido ya con una novela?. La verdad es que tu escritura engancha muchísimo y te animo a que escribas algún libro y lo envíes a alguna Editorial. Está muy bien eso de inscribirlo en la propiedad intelectual. Yo lo hago también. Tocando fondo antes de enviarlo lo inscribí. Tengo otra novela la segunda que se la llevaron el día de la presentación de Tocando Fondo y se llama "Yo estoy ahí". Habla de las relaciones sobre Internet. No sé qué hará la Editorial con ella porque ahora estamos trabajando con esta primera.
Gracias por pasar por mi blog y por recomendar el libro y reservártelo para tí. Te puedo decir que en torno a él hay cierta magia como la de tus relatos porque fue fruto de una promesa hecha a una persona en su lecho de muerte. Después de escribirla no quedé contenta. Soñaba con ella casi a diario y no podía comprender el sueño. A veces incluso sentía miedo.
Un día paseando por la playa de mi Cádiz le dije a mi marido: ¿Sabes? el dinero de la novela no será para mí, voy a donarlo para luchar contra las drogas si es que me la publican, claro. Y aquí estoy.
Perdona por escribir tanto aquí. Nunca me hice un blog y estoy practicando un poquito porque la Editorial me habló de que tendría que hacerme uno y como soy impaciente me preparé uno, que ya veo que es un poco trasto. Espero aprender de vosotros. El tuyo está precioso. El de Víctor también. Yo no sé trabajarlo. Iré aprendiendo de las visitas a los vuestros.
Muchísimas gracias Javier.

Alu dijo...

Me encanta, una vez más has retratado el tema con un realismo impresionante. Gran tema del que existe una gran polémica...recuerdo discutir con mucha gente a cerca de esto, por haberlo llamado ellos/as un "deporte", pues a mi no me lo parece, a no ser que en ese deporte se juegue dopado. Me parece una auténtica barbarie. Me da mucha pena un animal tan indefenso, que sufra tanto mientras otros estén aplaudiendo, riéndo o incluso apostando. No se puede jugar así con la vida de un animal, siendo ésta tan frágil y verdadera como cualquier otra.

En fin, un besazo Javier!!

Un placer pasarme por aquí otra vez!

Alu

4nigami dijo...

Holaa! Me paso rapidillo!! No me dio tiempo a leer el relato entero! Así que ya me pasaré mañana o cuando pueda a terminar! ;)
La estatua en realidad son 4 pájaros... lo que se ve desde atrás son los dos grandes y por delante se ven a los dos pequeños... ya le haré una foto y la colocaré para que las veas bien... =)

Besos!

Ascen dijo...

Ufffff para dejarte comentario me he tenido que hacer una cuenta por aquí y todo. Pero no me importa. Adelante con tus relatos. Yo participé en un concurso de escuela de escritores con un relato enviado a la última hora y minuto del cierre del mismo. Claro gané el premio pero al feo. Por ahí en Internet si pones mi nombre lo puedes encontrar. Europa Press hizo comentarios pero no hubo ni una entrevista claro. Los periodistas lo quieren todo de hoy para ayer. Se llamaba "I Concurso Cruel de Relato Breve" y me tocó una lluvia de tomates de papel.. El relato si tuviera que hacerlo hoy sería muy diferente. Me siento como más curtida y tenía un par de ellos y no los corregí siquiera antes de enviarlo. Bueno que me desvío. He trabajado muchísimos años en la Delegación de Medio Ambiente y los ecologistas han luchado mucho contra todo lo relacionado con la protección de animales. Incluso querían quitar fiestas en algunos pueblos. Por cierto en el mío hay una y le llaman "El Toro embolao". Lo has plasmado precioso y oye se te da bien la descripcion referente a los sentimientos. Aunque los ecologistas no eran bien mirados en mi trabajo yo estaba de acuerdo con ellos en muchas cosas. Hay que sobrevivir gracias a ellos en algunos casos pero no divertirnos ni utilizarlos para un ritual absurdo de sufrimiento para un animal y cuanto más sufrimiento para el animal más grita el pueblo enardecido eso de ¡torero! ¡torero!. También me ha encantado tu relato del Gladiador. Preciosa y perfecta aquí también la exposición de los sentimientos del gladiador de ébano. ¡Otra estúpida fiesta de antaño en esta ocasión aún peor porque utilizaban a seres humanos. Un beso.

Marian dijo...

Hola Javi,
encantada de conocerte.
La verdad me ha sorprendido mucho encontrar este relato. Soy antitaurina.

Además escribes muy bien. Es un gusto leerte.

"¡Sí a los toros! ¡No a los toreros!"

¿Me das permiso para difundir tu relato en la lista de distribución (por mail) de una asociación animalista? Por supuesto, guardando siempre tu autoría.

Está muy bien porque ayuda a empatizar, y este es un sentimiento necesario para la convivencia, sea con quien sea, animales humanos o no humanos.

Un abrazo.

Marian

4nigami dijo...

Hola!!!! Por fin tuve un rato libre para poder terminar de leer tu relato!! Tengo leido algún que otro texto relacionado con el mismo tema... pero desde luego ni punto de comparación... Me ha encantado la metáfora con los gladiadores... Como siempre fantástico ;)

Besos!!

Sibyla dijo...

Estoy totalmente de acuerdo contigo, Javier. Desde pequeña, he sentido aversión a las corridas taurinas.
La mal llamada fiesta nacional, es una auténtica vergüenza!
Es abominable, el trato vejatorio que se le da a estos nobles animales.
Están en total desventaja con su verdugo. Es tan aberrante, que cualquier sociedad que se considere digna, no debería de seguir permitiéndolo...

Gracias por considerar este tema, al que algunos le dan la espalda y miran para otro lado.

Saludos:)

Vero dijo...

Nunca he entendido que a alguien le pueda gustar ir a ver tremendas matanzas...

Ascen dijo...

Hola Javier: Como ves me paso por tu página de vez en cuando. Me he suscrito a la revista donde publicas el relato de "Me llamaba". Es precioso. La imaginación es una de las armas más importantes para triunfar en este complicado mundo de la escritura. Saludos. Ascen.

ARMACHÍ dijo...

Sinceramente, un magnifico relato; he disfrutado leyendolo hasta el final, y me ha regalado, si cabe, una pizca más de sentimiento de repulsa a sacrificios innecesarios, que están presentes en nuestra sociedad como si no la pudieramos entender sin ellos, mientras, nos entretenemos en criticar los sacrificios que emplean los demás.
Un fuerte abrazo.

Marta dijo...

Tu relato una joya, una denuncia al pie de la letra, con el más puro realismo. No soporto el mundo taurino, no entiendo tanto salvajismo.

Khamykhaze dijo...

En este tema hice mía una frase que leí en la puerta de un lavabo de la Facultad de Química de Barcelona: "SI EL TOREO ES CULTURA EL CANIBALISMO ES GASTRONOMÍA".

mos dijo...

Me ha encantado lo bien que relatas el mundo sórdido de esa mal llamada fiesta nacional.
Excelente relato-denuncia y, como siempre, muy bien construido.
Yo tengo un poema que habla de lo mismo en el blog de esfera.
Se llama DESPEDIDA.
Te invito a que lo busques en las entradas antiguas y lo leas.
Cada vez somos más la gente en contra de la tauromaquia.
Un saludo de Mos desde la ESFERA.
Si quieres enviarnos algún otro relato tuyo puedes hacerlo. Lo que sí te pediría es que fuera algo más breve. En ESFERA opinamos que la gran mayoría se cansa con relatos largos. Aunque posiblemente sean mejores por abarcar más historia.
Hasta pronto.

Narración radiofónica de mi relato "Como hadas guerreras"